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Modelo Bayern

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Campeón de Europa por sexta vez, el equipo de Munich consolidó el proyecto del fútbol alemán a nivel clubes. Filosofía de juego ofensivo, sentido de pertenencia y espíritu colectivo, atributos de un fenómeno deportivo con protagonismo de sus socios.


LISBOA. Los jugadores del conjunto germano levantan la denominada Orejona tras vencer al Paris Saint-Germain por 1 a 0, en el Estadio Da Luz. (Luis Gene/Pool/AFP)

Ganó todos los partidos, los once que jugó por la Champions League 2019/2020. Inédito. Con un promedio de gol altísimo: 3,9 por partido (48 goles a favor, apenas 8 en contra). Con el goleador del torneo de clubes más importante del mundo (Robert Lewandowski, 15 goles). Con resultados disruptivos, como el 8-2 en los cuartos de final ante Barcelona. Bayern Munich ganó algo más que su sexta Champions League. También, en un punto, emergió como un equipo de época, signado por el paso del fútbol de tenencia de la pelota de aquel Barcelona de Pep Guardiola a un juego con posesión y asociaciones, aunque más vertical y directo. En la final ante PSG, de hecho, se impuso la maquinaria colectiva por encima de las individuales, como Neymar o Mbappé. Nada de lo que haga el Bayern es de la noche a la mañana. Esta temporada volvió a coronarse en la Bundesliga, por octavo año consecutivo. El fenómeno sabe reinventarse sin perder identidad. Bayern Munich, un club con 120 años de historia, representa a Alemania y acuña una expresión: «Mia san mia». Es decir: «Nosotros somos nosotros».  
En la «burbuja» de Lisboa por la pandemia, y sin hinchas, Bayern se exhibió con el gran arquero Manuel Neuer, con la joven aparición del lateral izquierdo canadiense Alphonso Davies, con el criterio de juego de Thiago Alcántara, con el raumdeuter («cazador de espacios») de Thomas Müller y con los goles del polaco Lewandowski. Pudo congeniar, sobre todo, gracias a la reconstrucción organizativa de Hans-Dieter Flick, un entrenador que asumió el cargo en noviembre, a quien le destacan la racionalidad y el trato con el plantel. «El fútbol –suele decir– no es un espectáculo de un solo hombre». Flick, ayudante de campo en la selección alemana de 2006 a 2014, fue el que convenció al técnico Joachim Löw de introducir en la final del Mundial de Brasil a Mario Götze, verdugo de Argentina. Flick enfrentó a otro entrenador alemán en la final de Champions (Thomas Tuchel). En la semi hubo otro DT alemán (Julian Nagelsmann, de Leipzig). Y el campeón de 2019, con Liverpool, fue Jürgen Klopp. Por ahí también se explica un proyecto como el de Alemania, que comenzó hace 20 años.
Alemania sacó un punto en su grupo de la Eurocopa 2000. Fue un «fracaso» pero el inicio de un replanteo de la Federación Alemana de Fútbol. Había poco recambio, y el trabajo partió desde las divisiones inferiores. Dos décadas después, la federación requiere a los clubes de la Bundesliga academias con entrenadores full time desde las categorías Sub 9 a Sub 19, canchas de primer nivel, departamento médico calificado, interrelación con los colegios de la zona y destinar un porcentaje de dinero a un fondo común que equilibra las finanzas de las 40 escuelas de élite de fútbol, divididas por regiones, en un radio de 25 kilómetros desde cualquier punto del país. De esa producción en serie, en buena medida, surgen los jugadores y los técnicos del futuro. «Esta temporada debutaron en el Bayern cuatro futbolistas que tuve en mi categoría –dice a Acción el argentino Martín Demichelis, entrenador de la Sub 19 en el club, exjugador del equipo–. No es casual la línea que lleva este club en inferiores. Buscan la excelencia. En el Bayern está por encima el nombre del club y por abajo el del futbolista. Quizá traer una estrella puede perturbar esa estructura».

Regreso a la cima
El triunfo del Bayern en la final ante PSG, de alguna manera, también expresó la permanencia de clubes que pertenecen a sus socios ante la irrupción de los nuevos ricos (ver recuadro). El 75% de las acciones del Bayern está en mano de los hinchas. El resto se lo reparten las empresas Audi, Allianz y Adidas. En la Bundesliga rige la regla del 50+1: más de la mitad de las acciones de los clubes debe estar en manos de los socios. Y, en otra línea, fue la ratificación de aquel proyecto a pesar de la eliminación de Alemania en primera ronda de un Mundial por primera vez en su historia en Rusia 2018. En 2019, Oliver Bierhoff, director deportivo de la federación, torció la línea en una jornada en Frankfurt. La llamó «regreso a la cima del mundo». «No producimos suficientes futbolistas porque el entrenamiento se ha formalizado demasiado –dijo Bierhoff–. Necesitamos espacio para los individualistas. Incorporar de nuevo el fútbol callejero a los clubes. Necesitamos crear más espacio para la creatividad».
El francés Kingsley Coman, autor del gol en la final ante PSG, y el alemán Serge Gnabry, figura en la semifinal ante Lyon, son acaso sinónimos de ese juego más «individualista» y «callejero», licencias creativas dentro de la maquinaria, la reversión del proyecto alemán. Bayern Munich, con la fuerza física característica, y la añadidura del pase, el ataque en masa y la gambeta, ganó una Champions histórica. Un triunfo inédito, además, fruto del cambio de formato a partido único a partir de los cuartos de final en la sede de Lisboa. Ahora, el Bayern jugará ante Sevilla el 24 de septiembre por la Supercopa de Europa en Budapest, con un número reducido de espectadores. Una prueba para el regreso de los hinchas a las canchas. En ese volver a empezar en el fútbol, Bayern Munich ya hace punta desde diferentes focos.

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