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Pelota en rojo

Los Pumas encendieron una luz de alarma a causa de malos resultados y discretas actuaciones, en la antesala del prestigioso Rugby Championship. La racha negativa se extiende a los Jaguares y los juveniles. El camino elegido por la Unión Argentina.

San Juan. Ortega Desio intenta frenar a un jugador inglés en uno de los amistosos de junio. (Mabromata/AFP/Dachary)
Daniel Hourcade atraviesa el momento más difícil desde que asumió como entrenador en octubre de 2013. Pese a que  Los Pumas derrotaron a Georgia en su última presentación, los encuentros disputados en junio arrojaron saldo negativo: dos derrotas ante Inglaterra, que vino al país sin diez de sus titulares, y un nivel de juego por debajo de las expectativas del público. La imagen desdibujada dejada por el seleccionado abre interrogantes y demanda respuestas rápidas. Hourcade lo sabe. «El fragor, la adrenalina y el cansancio inciden», declaró tras el encuentro con Georgia. La sensación es clara: algo en la brújula de la estructura de la Unión Argentina de Rugby (UAR) empezó a tambalear en los últimos meses.
 Tuvieron que pasar 231 días para que los Pumas volvieran a salir de una cancha con una victoria bajo el brazo: desde el 54-20 ante Japón, en Tokio, el 5 de noviembre de 2016, hasta el 24 de junio en Jujuy. La racha preocupa teniendo en cuenta que de los últimos 15 partidos que jugó el equipo argentino, solo ganó cinco. A lo que se añade un calendario tan exigente como intenso. El 19 de agosto los Pumas comenzarán a jugar el prestigioso Rugby Championship ante los Springboks en Sudáfrica. Luego viajarán a Oceanía para medirse, el 9 de setiembre, ante los All Blacks y el 16 contra Australia. El cierre será con Nueva Zelanda el 30 de setiembre en Vélez y el 7 de octubre frente a Australia en Mendoza.
Más allá de que el conjunto argentino está atravesando un año de transición, con una camada de jugadores que necesitan consolidarse, se vio un equipo desconcentrado y falto de ideas. De hecho fue notorio el retroceso en el scrum, acción de juego donde históricamente los Pumas marcaban la diferencia. Tampoco mostraron la vocación ofensiva de otros tiempos y se reiteraron actitudes de indisciplina. Es por eso que hoy el seleccionado está lejos del nivel con el que logró el cuarto puesto en el Mundial de Inglaterra 2015, aunque –como atenuante– el objetivo de Hourcade era –y es– profundizar el recambio generacional con miras al gran objetivo: el Mundial de Japón 2019.

Cuesta abajo
En el medio hay un contexto claro: hoy los Pumas juegan todo el año juntos con la camiseta de los Jaguares, una franquicia de la UAR que compite en el Super Rugby. Justamente, desde el comienzo de los Jaguares, la Unión tomó la decisión de que solo pueden integrar el seleccionado los jugadores que participan en competencias del hemisferio sur, excluyendo a los que se desempeñan en Europa. Y este 2017 para los Jaguares tampoco fue bueno: quedaron otra vez afuera de los playoffs de la competencia y no pudieron imponerse ante rivales que en la previa eran de menor jerarquía. Incluso al cierre de esta edición se planteaba en la UAR la posible salida de Raúl Pérez, técnico de los Jaguares, y se mencionaba como reemplazante al antiguo Puma Mario Ledesma. Pero más allá de nombres propios y de entrenadores hay algunos síntomas para revisar: la base de jugadores para la cantidad de partidos y de competencia resultó corta. Más aún cuando se da una seguidilla de lesionados y el desgaste físico y mental, fruto de las presiones y la intensidad de los viajes, suele afectar a los jugadores.
Por otra parte, al mal momento de los Pumas y de los Jaguares se le suma el rendimiento de los Pumitas en el Mundial M20. Los juveniles –con la mitad del plantel que en 2016 terminó tercero en la Copa del Mundo– este año tuvieron el peor rendimiento en el certamen más importante de la categoría. Terminaron ganándole 53-42 a Samoa y evitaron no quedar últimos en el torneo, lo que hizo que permanezcan en la divisional de élite para disputar el próximo Mundial, que podría organizarse en el país.
Así, con resultados lejanos a los esperados y una producción de juego muy por debajo de lo que los equipos nacionales pueden dar, el primer semestre encendió una pequeña luz de alarma en la UAR. Porque el objetivo principal, ya sea para los Pumas como para los otros seleccionados, es exhibir una identidad de juego que el rugby argentino supo construir a lo largo de su fecunda historia.