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Retoques de Copa

El torneo sudamericano tendrá nuevo formato: una competencia anual, con 47 participantes, similar a la Champions League europea. El factor negocio y la apuesta de la nueva Conmebol por limpiar su imagen en medio de denuncias contra su conducción.


Medellín. Jugadores de Atlético Nacional (Colombia), ganador de la última edición, levantan el mítico trofeo en el estadio Atanasio Girardot. (Acosta/AFP/Dachary)

 

La Copa Libertadores es el salto al mundo de los equipos sudamericanos, la escalera a ese cielo que alguna vez se llamó Copa Intercontinental y hoy tiene un nombre más glamoroso, Mundial de clubes. Pero antes hay que atravesar un camino poceado –lleno de obstáculos y, a veces, viajes agotadores– que siempre guarda algún golpe impensado. Un camino que desde ahora se tardará un año en cruzarlo. El torneo de equipos más emblemático de Sudamerica tendrá sus primeros movimientos en enero y se jugará hasta noviembre, una forma de equipararlo a su alter ego europeo, la Champions League. Cuando se disputó la primera edición, en 1960, bajo el nombre de Copa de Campeones de América su impulso fue más bien uruguayo. O rioplatense. Pero sobre todo uruguayo. No resultó de una casualidad que el primer campeón fuera Peñarol (le ganó la final a Olimpia de Paraguay) y que lo mismo haya ocurrido un año después (victoria frente a Palmeiras de Brasil en la serie decisiva). Peñarol, además, fue finalista en 1962, cuando perdió con el Santos de Pelé. Y fue desde Uruguay, con un peso decisivo en el fútbol de la región, donde se insistió para que las siguientes ediciones no solo las jugaran los campeones, sino también los subcampeones, como se cuenta en el libro Golazo de Andrés Campomar. Había que hacer entrar a Nacional, el otro grande del país.  «Pero no fue el único fundamento», se defendió en su momento ante la revista El Gráfico el presidente de Peñarol, Washington Cataldi. «Yo me encargué personalmente de recorrer los países sudamericanos para demostrarles a todos que para una mejor vivencia de la Copa era mejor jugarla con 20 equipos en lugar de 10. La historia me ha dado la razón», agregó. De aquellos primeros años –desde 1965 pasaría a llamarse Copa Libertadores de América– a estos con sponsor en el título, el torneo creció en equipos. Su último formato incluía a 38 participantes, hasta este 2017 que ascenderá a 47 clubes, sin los mexicanos por autoexclusión ante el nuevo calendario y con un fixture anualizado. Ahora su nombre es Copa Conmebol Libertadores. Habrá dos fases eliminatorias hasta llegar, con 32 equipos, a la de grupos. La idea, otra vez, nació en Uruguay. La acercó el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Wilmar Váldez, que fue presidente de la Conmebol durante un breve lapso. Incluía, además, una variante: que la final se jugara a un partido en una ciudad a determinar. Como la Champions. Esa modificación se frenó, pero no se descarta para un futuro, como lo reconoció el titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez, un empresario ligado a Olimpia, expresidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol y hombre cercano al primer mandatario de Paraguay, Horacio Cartes.

 

Productos en juego
Después de que las esquirlas del denominado FIFAGate, un escándalo de corrupción que en mayo de 2015 tuvo su epicentro de explosión en Zurich, pero cuyas ondas expansivas dieron de lleno contra dirigentes y empresarios de Sudamerica, la Conmebol intenta lavarse la cara. Domínguez está a cargo de la misión. No le resulta fácil. El 2016 se cerró nada menos que con la tragedia del Chapecoense, que incluyó acusaciones contra la conducción de la Conmebol respecto a que inducía a los clubes a contratar a la aerolínea Lamia. En diciembre hubo otra denuncia, esta vez ante la Justicia, del empresario uruguayo Francisco Paco Casal, siempre al acecho en la puja por los derechos de TV de los torneos sudamericanos. Hasta 2018, la Copa Libertadores seguirá en manos de Fox Internacional. Casal dice que él ofrecía más dinero. Por eso litiga. Chapecoense, finalmente designado ganador de la Copa Sudamericana 2016 después del desastre aéreo, estará en la Libertadores, un título que defenderá Atlético Nacional de Medellín, su rival en la final frustrada. Los colombianos se abrieron paso en un torneo dominado tradicionalmente por argentinos, brasileños y uruguayos, que lideran en ese orden la tabla histórica de ganadores. Recién tercero aparece Colombia con sus tres títulos (dos del Nacional y uno de Once Caldas), la misma cantidad que acumula Paraguay (todos de Olimpia). El nuevo formato también sirve como lavada de cara institucional para la Conmebol, otra manera de cuidar lo que los dirigentes llaman «el producto». El negocio. Lo mismo hizo la FIFA a principios de enero cuando anunció que desde 2026 el Mundial tendrá 48 selecciones, con 16 grupos de tres equipos, ampliando su base de participación para integrar a más federaciones, sobre todo asiáticas. Además, abona al show televisivo: quita los empates, todos los partidos tendrán que tener una definición aunque fuera por penales. «Prioriza el negocio por sobre el juego», fue la acusación generalizada de los críticos al cambio. La FIFA siempre tuvo esa prioridad y por eso el Mundial cambió desde 1930, con ediciones de 13 y 16 participantes en las que se comenzaba desde los octavos de final. La modificación, posiblemente, afecte la fase eliminatoria, pero es una incógnita si también afectará al juego en sí mismo o si sumará especulación. En cualquier caso, es claro que todo cambia. Hasta los torneos, sean Mundial o Copas Libertadores, ninguno se salva del retoque.