Deportes | DANIIL MEDVÉDEV

Tenis de guerra

El jugador, de fuerte carácter, desafía el reinado de Nadal, Djokovic y Federer. Las sanciones contra el deporte ruso abren interrogantes sobre su futuro.

Pura potencia. En el primer Grand Slam del año, en Australia, fue finalista tras vencer con autoridad al griego Stéfanos Tsitsipás.

FRANCIS/AFP/DACHARY

Tiempos convulsionados para ser ruso, deportista y, encima, número 1 del tenis, como le pasó durante unas semanas a Daniil Medvédev, quien alcanzó el primer lugar del ranking ATP mientras Rusia, su país, invadía Ucrania. Fue el 28 de febrero. Lo que siguió se convirtió en una caza de brujas. Hubo pedidos para que se lo margine de las competencias. Entre ellos, el de Seva Kewlysh, presidente de la Federación Ucraniana de Tenis. La Federación Internacional de Tenis resolvió que los jugadores rusos participen de torneos, pero no como representantes de su país. Aunque se opuso a la guerra, Medvédev aceptó la condición de la ATP de eliminar la bandera rusa en redes sociales. Además, en la página web del ranking los jugadores rusos tienen en blanco el casillero correspondiente a su insignia nacional. Andrey Rublev, que escribió «No war please» (no a la guerra, por favor) ante una cámara de TV, y Aslan Karatsev son los otros rusos en los primeros lugares.
A mediados de marzo, Medvédev perdió ese liderazgo mundial tras caer ante el francés Gael Monfils en Indian Wells. El número 1, por ahora, le corresponde otra vez a Novak Djokovic. Aunque habrá que ver en cuáles competencias podrá participar el serbio si pretende mantener su postura de no vacunarse contra el COVID-19. Para recuperar el lugar, el ruso deberá superar el factor externo de la guerra que su país tiene con Ucrania.
Sanciones o discriminaciones están a la orden del día. Recientemente, el ministro de Deportes británico, Nigel Huddleston, aludió a la posible suspensión de deportistas rusos en el torneo de Wimbledon (27 de junio a 10 julio): «Necesitamos alguna garantía potencial de que no son partidarios de Putin y estamos considerando qué requisitos podemos necesitar para tratar de obtener algunas garantías en ese sentido». ¿Y Medvédev? ¿Sufrirá castigos?

El chico malo
El vínculo de Medvédev con el tenis comenzó desde que era muy pequeño. El ruso, quien nació en Moscú el 11 de febrero de 1996, creció viendo lucha libre, tenis y fútbol. De la lucha libre se decepcionó cuando en su casa le contaron que se trataba de un show; del tenis le aburría que Federer ganase siempre; y en el fútbol imploraba que perdiese el Barcelona. Ahora ama los videojuegos, el ajedrez y el cine.Y juega al tenis, claro.
La de Medvédev no es la típica historia dura del deportista que supera los problemas económicos. De clase media, asistió a un colegio elitista, donde se interesó por las ciencias económicas, las matemáticas y la física. Luego se volcó al deporte. A los 6 años tuvo su primera raqueta y a los 9 se volcó al tenis impulsado por sus padres. Hasta 2013 compitió con juveniles, en 2014 debutó como profesional en dobles y en 2016 en singles. Al año siguiente llegó al top 100 y en 2019 se ubicó en el top 10. Era un gran momento, pero irrumpió la pandemia y con ella los altibajos. El año pasado alcanzó el segundo lugar del ranking. Su momento de gloria lo vivió al ganar la final del Abierto de Estados Unidos a Djokovic por un triple 6-4.
La camada de Medvédev no pudo aún destronar a la de Roger Federer (se recupera de una lesión), Rafael Nadal (el español le ganó al ruso en la final del último Abierto de Australia tras cinco horas y media de juego) y el serbio Djokovic (su ausencia del circuito por negarse a vacunar contra el COVID-19 le facilitó al ruso su ascenso al máximo lugar del ranking). El extenista Boris Becker sostuvo que a la nueva generación «le falta mejorar en su mentalidad» para llegar a la altura de esos tres grandes. Sin embargo, Medvédev es uno de los candidatos a ocupar alguno de sus lugares.
26 años y de mal carácter. Así se lo conoce en el circuito. El rey de la queja, le dicen; también el chico malo del tenis. Suele enojarse con los jueces de silla: al español Jaume Campistol, en Australia, lo trató de estúpido. Pero más se enoja con el público en general, al que supo tildar de ruidoso y de maleducado. Maltrató a alcanzapelotas, revoleó raquetas, hizo gestos obscenos y recibió multas de organizadores y apoyo de otros deportistas. Cuando fue abucheado, lo devolvió con irónicos aplausos. Y con palabras: «La energía que me dan, me alcanzará para cinco años. Cuanto más hagan esto, más ganaré», se divirtió en una entrevista oficial. Sin embargo, también se disculpó: «Lucharé para ser una mejor persona».
El ruso es, por momentos, de lo más irritante. Su entrenador desde 2017, el francés Gilles Cervara, llegó a levantarse en pleno partido y se fue, harto de sus actitudes. Pero son una dupla sólida. Mide 1,98 metros y vive en Montecarlo con su pareja Daria Medvédeva, extenista rusa que dejó la actividad a sus 17 años y tiene gran influencia en su rendimiento. Desde hace cuatro años, Medvédev trabaja además con la psicóloga francesa Francisca Dauzet, quien le aplica técnicas de salud milenarias y le enseña filosofía shaolín. Le sirve a Medvédev para manejar sus emociones en pleno partido, más allá de cómo vayan las cosas y más allá de las veces en que se le escapan los enojos. A eso se le agrega un sofisticado trabajo de laboratorio y un equipo de más profesionales a su alrededor.
Tiene, y de sobra, recursos de juego y mentalidad ganadora para sostenerse en la élite y, sobre todo, para quebrar el dominio del «big three» (los tres grandes). Aunque el futuro, en tiempos de guerra y por el momento, se vislumbra incierto.


Alejandro Duchini