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Trono vacante

El retiro de Floyd Mayweather marcó el final de una era en el pugilismo, hoy sin grandes referentes ni combates atractivos. La apuesta por Gennady Golovkin y Saúl Canelo, los mejores exponentes de la actualidad, en busca de revitalizar la disciplina.


Londres. El kazajo Golovkin defendió el título de los medianos frente a Kell Brook, en un combate realizado en septiembre. (Zemanek/BPI/Rex Shutterstock/Dachary)

 

El día en que Floyd Mayweather Jr. se subió por última vez al ring, en setiembre de 2015, se desplazó el eje de la tierra del boxeo. A los 38 años, Mayweather llevaba un récord de 49 victorias, había conquistado títulos mundiales en cinco categorías distintas, embolsado unos 700 millones de dólares en ganancias, y se retiraba como campeón invicto, un currículum suficiente para marcar una época, el mejor libra por libra de los últimos veinte años según expertos. Su retiro fue la patada a un hormiguero. Tampoco está en el centro de la escena su némesis filipino, Manny Pacquiao. Todo se desconfiguró. El trono de Mayweather –su lugar indiscutible– está en disputa. Y, en principio, lo discuten dos hombres: el mexicano Saúl Canelo Álvarez y Gennady Golovkin, un kazajo con poco aspecto de boxeador.
Golovkin, conocido como GGG, tiene 34 años y es el dueño de los peso mediano. El hombre a vencer. Si Canelo, campeón superwelter de la OMB (Organización Mundial de Boxeo), quiere asaltar el mundo uno de estos días, tendrá que enfrentarse a Golovkin. Es la gran pelea que se espera para 2017 después de un 2016 abúlico, sin grandes combates. «Debe ser uno de los peores años en la historia del boxeo, sino es el peor. Esa es una preocupación. Nuestro trabajo como promotores es darle a estos peleadores la exposición que necesitan. Seré honesto: no vemos peleadores a los que promuevan como estábamos acostumbrados», dijo Oscar de la Hoya, excampeón mundial y actual empresario del boxeo. Por estas cuestiones es que hasta se mueve la posibilidad de que el próximo año Pacquiao tenga una revancha con Mayweather, una pelea más cercana al circo pero que por la dimensión de ambos hasta podría opacar un probable choque entre Canelo y Golovkin.
De la Hoya tiene en el portfolio de su empresa Golden Boy a Canelo. Y tiene su propio tironeo con Bob Arum, el promotor de Top Rank, que lo apura para cerrar la pelea con Golovkin, para la que el mexicano tendría que subir de peso. Hasta Mayweather se metió en esa discusión. «Creo que Canelo puede ganarle –le dijo al sitio fighthype.com– pero no creo que Canelo deba subir de peso y pelear con GGG. Golovkin quiere que todos los peleadores pequeños suban a 160 libras (72,562 kilos), ¿cuándo va a subir Golovkin de peso?».

 

Punto de quiebre
Golovkin tiene fama de invencible y una historia para la novela. Nació en Karangandá el 8 de abril de 1982 cuando su país todavía formaba parte de la Unión Soviética. Sergei y Vadim, sus dos hermanos mayores, lo hacían pelear en la calle. Así lo iniciaron en el boxeo. También a Max, su gemelo, 15 minutos más chico. Pero Sergei y Vadim se unieron al ejército. Sergei murió en combate en 1990. Vadim cayó de la misma manera cuatro años después. La familia Golovkin –padre ruso, que trabajaba en la mina de carbón, y madre coreana, empleada de un laboratorio químico– nunca conoció los detalles de cómo fallecieron y tampoco pudieron hacerles un funeral. Pero Gennady creció con ese ramalazo trágico y siguió en el boxeo al igual que su gemelo Max.
El punto de quiebre ocurrió cuando ambos tenían 22 años y solo uno podía representar a Kazajistán en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. La leyenda sostiene que Max era superior entre los hermanos. El propio Gennady lo ratificó en algunas entrevistas: «Era mucho mejor que yo». Se suponía que la chance le pertenecía a Max. Pero los 15 minutos de mayoría de edad, en una supuesta decisión familiar, le dieron el lugar a Gennady, que ganó la medalla de plata en peso mediano para Kazajistán. Max se quedó con sus padres y no volvió a boxear, pero es parte de la esquina de su hermano como colaborador del entrenador mexicano Abel Sánchez.
Cuando se habla de Golovkin, se habla de una derecha temeraria; la capacidad de un golpe letal, tal vez el más impresionante del boxeo actual. Sus puños demoledores llevan un invicto de 36 peleas. En setiembre, en Londres, venció por nocaut al inglés Kell Brook. Lleva 23 triunfos seguidos por esa vía. Al estadounidense Dominic Wade, en Los Ángeles, durante abril de este año, lo hizo caer a la lona en el primer round. Y lo noqueó en el segundo. Pero esa bestia devoradora es un monje zen abajo del ring, con frases como «yo solo soy un boxeador, una persona a la que le gusta ayudar a niños y jóvenes en los gimnasios para decirles que si se lo proponen, pueden llegar muy lejos» o «para mí, el boxeo es algo muy serio, es mi trabajo, es lo que me permite disfrutar la vida». Y si le preguntan por qué desde esa mesura puede pasar a ser un cazador hambriento cuando se pone los guantes, Golovkin dirá: «Porque tengo que pagar las cuentas y una familia que cuidar».
El boxeo, a diferencia de otros deportes, puede evitar el mano a mano entre campeones. Así Golovkin todavía no se cruzó con Canelo para poner a prueba su potencia. «Si Canelo sube ahora con Golovkin, Canelo le gana», predijo De la Hoya durante una entrevista con ESPN. Pero nadie puede adelantar el futuro. La pelea, después de muchas vueltas, podría producirse en setiembre de 2017. Pero ni la fecha se puede adelantar aún. Antes, el que espera revancha con Canelo es el portorriqueño Miguel Cotto, a quien el mexicano le arrebató el cinturón mediano del Consejo. Pero se sabe que lo que puede reacomodar el eje que se movió en setiembre de 2015 es un choque entre Canelo y Golovkin. Aunque nada será igual a la era Mayweather.