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Un salto gigante

Con la participación de once equipos, la disciplina saldó una deuda histórica al crear un torneo profesional con mayor difusión destinado a jerarquizar la competencia y crecer en el alto nivel. El papel de la Asociación de Clubes. Relatos con espíritu amateur.

En juego. Obras Sanitarias y Quimsa de Santiago del Estero, en el primer partido del certamen. (Télam)
Micaela Sabater nunca había viajado en avión. Martina Rodríguez Biré y Belén Echeverría tampoco. Unos meses atrás, ellas, tres jugadoras de básquet del club Obras, no soñaban con poder subirse a un avión para ir a competir de manera profesional con su equipo a Santiago del Estero. Tampoco con hacerlo en ese contexto: apoyadas por su club, bajo otra estructura, jugando por puntos en una conferencia y siendo observadas por la señal DeporTv. Unos meses atrás su realidad era otra: juntaban la plata para pagarles a los árbitros, jugaban sin una competencia profesional y todo paso que daban era a pura voluntad, como sucede en cualquier disciplina amateur.     
Por primera vez en la historia, los dirigentes de la Asociación de Clubes, con el aval de la Confederación Argentina, lanzaron este año la Liga Femenina de Básquet. Con la participación de once equipos (con un mínimo de ocho jugadoras contratadas), y organizados en dos conferencias, la competencia comenzó el 28 de abril y se llevará adelante durante tres meses en su primera edición. «La creación de la Liga es un paso muy importante para el básquet femenino. Si bien se hacían torneos como la Súper Liga y los torneos federales desde 2014, se necesitaba una liga así, con la participación de la Asociación de Clubes. Es un proyecto muy positivo porque los clubes se comprometieron a ser más profesionales en el básquet femenino. Hoy somos once, ojalá que el año que viene seamos más», cuenta Sofía Aispurúa, jugadora de Obras y de la selección nacional, y la hija de Sergio Aispurúa (histórico exjugador de básquet), en diálogo con Acción.
 El objetivo del torneo es jerarquizar la competencia entre las mujeres, buscando que ese desarrollo no solo se note a nivel de clubes, sino también en el seleccionado femenino. Sin embargo, en lo inmediato, la creación de la Liga le abrió las puertas a un nuevo mercado: se creó una bolsa de trabajo que incluye a 88 mujeres, once cuerpos técnicos completos y hasta se contrató a 20 mujeres árbitras. Además, se organizó un proceso de selección para generar condiciones competitivas y se anotaron más de 50 jugadoras de todo el mundo que querían ser parte. Cada equipo debe tener un mínimo de dos extranjeras y un máximo de tres, algo que garantiza el crecimiento de las jugadoras locales. En cuanto a lo económico, el cambio también es inmediato: los contratos van desde los 5.000 pesos para las jugadoras con menos experiencias hasta 30.000 y las extranjeras tienen salarios de entre 1.000 y 1.500 dólares.
«Esta Liga hizo que muchas jugadoras que están afuera vinieran al país a jugar. Siento que veníamos dando saltos pequeños en el básquet femenino pero este fue el más alto, el que nos faltaba», agrega Sofía. Esta temporada ya generó la vuelta de varias jugadoras importantes a la competencia local: Gisela Vega (Quimsa) y Agustina Burani (Lanús), que jugaban en España, y Melisa Gretter (Unión Florida), que viene de ser campeona en la Liga de Brasil.
«Estamos viviendo experiencias nuevas. Son momentos lindos que compartimos como grupo», relata Sofía, que sabe –como pocas– que la Liga Femenina era la gran deuda del básquet argentino. Y que por fin para ella –y para todas– llegó para quedarse.