Deportes

Vientos argentinos

La disciplina, de larga tradición, adquirió visibilidad en los 90 y hoy se ubica como el segundo deporte que más medallas le aportó al país en los Juegos Olímpicos. De Camau Espínola a Lange, claves de su desarrollo bajo la mirada de un especialista.


De oro. Lange y Cecilia Carranza ganaron en la prueba Clase Nacra 17 en los últimos juegos. (West/AFP/Dachary)

En la vela se generaron condiciones ambientales y sociales para desarrollarse en la Argentina –explica Daniel Bambicha–. Como en el fútbol y el polo. De golpe, un grupo de personas empezó a conservar cierta información y tradición, y eso se potenció a partir de 1996 con un sistema de trabajo, planificación y objetivos. Hasta 1996 teníamos gente con talento pero sin un sistema». Bambicha, quien era el preparador físico de Carlos Camau Espínola, el regatista que, con cuatro, es hoy el máximo ganador de medallas olímpicas en la historia argentina junto con Luciana Aymar, se refiere a una de las causas que explican el crecimiento del yachting –o vela, como se la conoce–, disciplina acuática en la que los deportistas compiten en embarcaciones impulsadas solo por la fuerza del viento.
 Más allá de que el equipo argentino logró la plata en Londres 1948 en Clase 6 metros y en Roma 1960 en Clase Dragón, el boom del yachting ocurrió a mediados de los 90, con esa medalla de plata de Espínola en Atlanta 1996 en Clase Mistral, y se extendió en el tiempo, como quedó asentado en los Juegos de Río de Janeiro 2016, con la de oro de Santiago Lange y Cecilia Carranza en Clase Nacra 17.
«Fue como el tipo que sabe hacer el asado y se lo transmite a sus hijos», ejemplifica Bambicha, quien hasta antes de Río era el entrenador del Equipo Nacional de Yachting. «Pero lograr que ese asado se transforme en un plato gourmet es distinto. En Kenia, los keniatas corren por factores ambientales y sociales. Hay cazadores y ladrones, y eso generó un desarrollo físico. Pero después vino el sistema. Pasó acá con el boxeo: había gente que necesitaba comer y a través de los puños encontró un camino de ascenso social». El yachting, con diez medallas, se ubica en la actualidad como el segundo deporte argentino más ganador en los Juegos, por detrás del boxeo (24). Y el perfeccionamiento, incluso, se exportó: el mendocino Diego Romero ganó la medalla de bronce en Clase Láser para Italia, y los españoles Iker Martínez y Xabi Fernández conquistaron oro en Atenas 2004 y plata en Beijing 2008 en Clase 49er con la supervisión del técnico bonaerense Ramón Oliden.
 
Precursor y legado
«La vela a nivel mundial no estaba desarrollada –continúa Bambicha–. Espínola fue un precursor. Tenía preparador físico, instructor de yoga, mentalista, y hablábamos de puesta a punto y estrategia de campaña a diferencia de otros que entrenaban para el fin de semana. Era trabajar para los Juegos, porque él no ganó grandes torneos. Es una concepción moderna. Vio que a nivel mundial había una ventaja y la aprovechamos». Antes de Atlanta, cuenta Bambicha, realizaron cuatro viajes para entrenarse y competir en esa agua. Los que suben al podio suelen ser los que más horas estuvieron antes en el lugar. Argentina, desde Atlanta 1996 a Río 2016, durante seis Juegos consecutivos, al menos cosechó una medalla en vela. Sydney 2000: plata de Espínola en Mistral y bronce de Javier Conte y Juan de la Fuente en Clase 470 y de Serena Amato en Clase Europa; en Atenas 2004: bronce de Espínola y Lange en Clase Tornado; en Beijing 2008: bronce de Espínola y Lange en Tornado; y en Londres 2012: bronce de De la Fuente y Lucas Calabrese en Clase 470.
El año pasado, a los 54 años, Lange fue elegido por la Federación Internacional de Vela como el mejor navegante del mundo y la Argentina fue sede por primera vez en la historia náutica del Mundial de la Clase Cadet, el torneo juvenil más importante a nivel internacional. «Los cambios se dieron desde abajo hacia arriba. Con los resultados impusimos un sistema y propusimos una forma de trabajar distinta. Viajes, barcos propios, estudio del lugar, del viento, estadísticas de todo. Pero lo fundamental es que hay buena materia prima. El presupuesto de la Argentina para yachting, a diferencia de Francia, Australia, Holanda y otras potencias, es del 10%. Los países nos miran y nos dicen: “¿Cómo hacen?”. En ese sentido, somos vanguardistas», concluye Bambicha.