Humor

Boni y los miedos

Tarde de mate, diario, calma, ¿calma? ¿Acaso es posible la calma en un hogar en el que habita un adolescente de estos tiempos, como Boni? Difícil con alguien que es como un espejo que, en vez de reflejarte, te critica. O que adelanta 30 años.
La adolescencia hoy en día empieza cuando el chico sabe más que sus padres de informática; o sea, cuando tiene un año y medio de vida, meses más, meses menos. Pero, ¿cuándo termina?, ¿cuando se va de la casa?, ¿cuando se recibe?, ¿cuando consigue trabajo?, ¿cuando se casa?, ¿cuando es padre?, ¿cuando es abuelo?
Hay quienes se van de la casa siendo adolescentes, pero siguen dependiendo de sus padres. De hecho, un primo de Boni se fue a vivir a Nueva Zelanda y le mandaba a su mamá la ropa para lavar. Otro se quedaba todo el día jugando a la pleisteishon, y si le decían que estaba perdiendo su vida, respondía «no importa, si pierdo esta vida me quedan tres más».
¿Y Boni? Boni estaba preocupado. O asustado. O angustiado. O ninguna de esas tres cosas, depende del ángulo desde el que se que mire.
–¡Papá, tengo miedo!
–¿De qué tenés miedo, Boni?
–Ay, pa, no seas anticuado, esa pregunta ya no se hace en el siglo XXI. En tus tiempos, podría ser que uno supiera a qué le tenía miedo, pero ahora no. ¡El miedo es justamente eso, no saber a que le tenés miedo!
–Bueno, hijo, definilo un poco.
–Ufa, pa, seguís con palabras paleozoicas. «Definir»… antes las cosas tenían definición, eran «así» o «asá», pero ahora no. ¡Mirá! ¡Macri puede inaugurar una estatua de Perón! ¿No te parece un símbolo de estos tiempos ambiguos donde nada tiene sentido ni «definición»?
–Bueno, hijo, fue un acto de campaña.
–Esa es otra explicación antigua, pa. Cualquier psicólogo se reiría si un paciente le dice algo así. ¿Te imaginás diciéndole esto a tu analista, y que él te diga: «¿Le parece?», entre carcajadas.
En ese instante el padre comenzó a sentirse incómodo, quizás con un poco de miedo y, lo peor –quizás porque se estaba volviendo moderno–, sin saber a qué.
Rudy