30 de agosto de 2025
El invertebrado marino que brilló en el streaming del Conicet emerge a la superficie para entender el mundo humano. Borges, Gimena Accardi y la infidelidad, bajo su atenta mirada de voyeur antropológico.

La experiencia de haber tenido contacto con los científicos del Conicet no solo fue novedosa y estimulante para quienes vivimos en el fondo del mar, sino que nos permitió a algunos de nosotros convertirnos en figuras públicas gracias a la difusión de las imágenes que captaron los participantes de la expedición que hubo en el Cañón Submarino Mar del Plata. Y quienes ya éramos estrellas tuvimos la oportunidad de ser más estrellas que nunca. Las encuestas no mienten:
¿Por qué no devolver la gentileza y emerger por un tiempo para tratar de entender a los seres humanos y su comportamiento, como si fuera una versión marina y con, debo decirlo, unas nalgas admirables, de Claude Lévi-Strauss? Como verán, estoy bastante al tanto de la vida y obra de algunos mamíferos que vivieron fuera del agua, pero nada puede reemplazar al trabajo de campo, tal como demostró hace décadas el explorador conocido como Tío Matt, que se dedicó a la descripción minuciosa de las extrañas costumbres de quienes no pasan la mayor parte de su tiempo sumergidos.
Siguiendo el camino de aquellas primeras criaturas primitivas que hace unos 400 millones de años desarrollaron pulmones y extremidades para moverse fuera del agua y llevaron a la aparición de los tetrápodos, los primeros vertebrados terrestres, junté valor y, cargando mi muy atractivo trasero, me aventuré rumbo a la tierra firme para observar de cerca a las personas y su forma de vincularse, pasando a ser de exhibicionista desvergonzada a voyeur sigilosa.
De acuerdo con lo que sé hasta el momento gracias al tiempo que pasé lejos de las profundidades marítimas, los humanos, a diferencia de los hipocampos, no dan a luz de a miles de crías a la vez, pero comparten con los caballitos de mar su tendencia a mantener relaciones monógamas a lo largo de su vida. Sin embargo, esa conducta no se registra en todos los casos. Por ejemplo, una de los ejemplares de hembras de seres humanos que estudié, llamada Gimena Accardi, optó por lo que ella definió como «un desliz», lo que le valió tanto críticas como apoyos de sus pares.
Azar
Intrigada por el hallazgo, procuré indagar más en el caso y descubrí que la ruptura de la monogamia se dio con «un random», lo que me llevó a formular la siguiente pregunta: ¿el azar es causante de las relaciones que entablan los Homo sapiens o hay un destino predeterminado?
Para documentarme, procedí a armar un corpus y di con la obra del humano uruguayo conocido como Leo Maslíah, quien, además de plantear similitudes entre las parejas y la corriente alterna, en su novela Libretos escribió acerca de un mundo en el que cada persona recibe un libreto que le indica qué tiene que hacer, qué frases tiene que decir y a qué debe aspirar, limitando el caos y la indeterminación en sus existencias.
Por otra parte, un Homo sapiens llamado Jorge Luis Borges pensó en una sociedad regida por el azar de unos sorteos hechos por un ente denominado La Compañía. En «La lotería en Babilonia» escribió: «Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que la Compañía es omnipotente, pero que solo influye en cosas minúsculas: en el grito de un pájaro, en los matices de la herrumbre y del polvo, en los entresueños del alba. Otra, por boca de heresiarcas enmascarados, que no ha existido nunca y no existirá. Otra, no menos vil, razona que es indiferente afirmar o negar la realidad de la tenebrosa corporación, porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares». Esta cronista submarina caracterizada principalmente por su exuberancia trasera cree que existe la posibilidad de que los seres humanos se vinculen alternadamente o a la vez por destino o por azar y que sus vidas estén atadas tanto a lo predeterminado como a la suerte, como si fueran víctimas o beneficiarios de los designios de un dios frágil, temperamental, que, en vez de rezar por ellos, se fue a bailar a la disco del lugar. La vida fuera del agua es mucho más compleja de lo que esperaba. Seguiré investigando.