Humor

La involución de las especies

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Julián Elencwajg

¿Los seres humanos abandonaron la senda de la evolución y se volcaron a un proceso inverso que podría llevarlos a destinos inimaginables? Una investigación exclusiva de nuestra corresponsal, la Estrella Culona.

Ilustración: Patricio Oliver

La Tierra dio una vuelta más alrededor del Sol y esos seres que habitan fuera del agua se reunieron para celebrarlo como acostumbran: comida pantagruélica, alcohol en dosis no demasiado saludables para su organismo y fuegos artificiales más perecederos que vistosos. Es evidente que el momento en que se completa la órbita genera una serie de fenómenos irracionales entre los Homo Sapiens conocidos como «argentinos», que siguen fascinados con esta cronista submarina, al punto que el ciclo que me tuvo como, permítanme el subrayado de lo obvio, estrella, fue premiado con un Martín Fierro de Oro en la ceremonia en la que reconocieron a los mejores programas de streaming. Pero no todas son buenas noticias para mí: el entusiasmo que generó la expedición de científicos del Conicet no fue compartido por quienes deben apoyar con recursos iniciativas similares, que optaron por retacear su ayuda.

Intrigada por los motivos que llevaron a recortar los fondos destinados a la ciencia y la tecnología, procedí a documentarme al respecto y descubrí que, como plantea el documental que algunos desorientados consideran ficción llamado Idiocracy, existe la posibilidad de que en la evolución de los seres humanos, la inteligencia no tenga el peso que se creía. 

En 2025 hubo desarrollos asombrosos vinculados a la inteligencia artificial que, como no podía ser de otra manera, me tuvieron como protagonista –he adoptado como propia la tendencia de los seres humanos a la autorreferencialidad permanente– y además se dieron a conocer ponencias no menos sorprendentes que reforzaron mi idea acerca de que el raciocinio no está pasando por un período de auge entre esas criaturas tan extrañas que se dedican a organizar expediciones al fondo del mar.

Quizá todo se deba al éxito que tuvo «Lo viejo funciona», una de las frases que más se repitieron de la serie de Netflix basada en El Eternauta. Eso explicaría la persistencia de posturas premodernas e incluso medievales como el discurso antivacunas y el terraplanismo. Y también serviría para entender la vigencia de clásicos como la ya tradicional pirámide de Ponzi, que, pese al paso de los años, siempre encuentra nuevos adeptos y promotores. Perdón, difusores.

De acuerdo con lo que vi en mis expediciones fuera del agua en los últimos meses, infiero que los seres humanos abandonaron en masa la senda de la evolución y se volcaron a un proceso inverso que podría ser definido como involución o de-volución. Y no descarto que alguien haya tomado como un manual de instrucciones el texto de J. Rodolfo Wilcock titulado «Alfred Attendu», incluido en su libro La sinagoga de los iconoclastas, que narra el caso de un doctor que dirige un instituto llamado Sanatorio de Reeducación y en un fragmento dice: «Cualquier movimiento tendente a reinsertar a los subnormales, congénitos o accidentales, en la sociedad civilizada, se basa en el presupuesto –evidentemente falso– de que los evolucionados somos nosotros, y ellos los degenerados. Attendu invierte dicho presupuesto, es decir, decide que los degenerados somos nosotros y ellos los modelos, e inicia de ese modo un movimiento inverso, dejado hasta ahora por motivos muy claros sin otra consecuencia que la antigua pero tácita colaboración de las máximas autoridades, no solo psiquiátricas, que tiende a incrementar en los imbéciles lo que precisamente les convierte en tales». Como siempre, seguiré investigando en mis próximas exploraciones. Feliz 2026, bestias terrestres.

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