Humor | RUDY

¡Rebecórcholis!

En esa tarde otoñal de hojas amarillas que caen y billetes verdes que suben, Tobías y Rebequita, o si quieren Rebequite y Tobíes compartían, o si quieren coparticipaban, su ya tradicional merienda de las 17 horas en el café, aunque eran las 18.30 en una confitería.
–Tobías de mi alma en pena, estoy restamente preocupada.
–¿No será «sumamente» preocupada, Rebequita de mi corazón tecnológicamente controlado?
–No, Tobías, esta preocupación no me suma nada, más bien me resta sueño, multiplica mi angustia y divide mi ya sobreocupada neurona. Pero como de costumbre, vos no entendés nada, ni la cáscara de una milanesa.
–Rebequita no seas disruptiva, las milanesas no tienen cáscara.
–Las de antes no tenían, Tobías, pero ahora, por una cuestión de marketing y de inflación, en los restos fashion te venden «nuestras exquisitas milanesas lujosamente sarteneadas con esencia de cuadril, proteína de lechuga, condimentos de origen idiopático y rebozadas con ideas de frambuesa, lo que les impregna una cáscara que es deliciosa al tacto aunque algo insípida para quien finalmente decida ingerirlas».
–Ay, Rebequita, tenés razón, no entiendo nada. Para mí la milanesa lleva carne, condimentos, huevo y pan rallado. Todo eso, suavemente frito, y luego sal y jugo de limón.
–Es porque te quedaste en el siglo XX AC.
–¿AC?
–Sí, AC, ha-ce mucho. Ahora hay que cuidar a los animales. Tanto los cuidan que hasta los van a sacar de los billetes. Y eso es lo que me tiene un poco panrrallada, Tobías de mi esperanza ilusoria.
–¿Por qué?
–Porque… me dijeron que en los nuevos billetes ponen personas… y sobre todo, mujeres. ¡Mirá si me ponen en un billete a mí!
–Rebequita de mi tricúspide normotensa, no quiero menospreciarte de ninguna manera, pero en los billetes ponen a personalidades protagonistas de la historia de nuestra patria, digamos próceres.
–Claro, hay que ser prócer para bancarse estar en un billete en tiempos de inflación. ¿Sabés lo que es ir comprar morrones, pagar con un billete de 500 pesos y que el verdulero te diga: «No, señora, con Belgrano y Remedios del Valle no alcanza. Para un kilo de morrones necesita un San Martín, o tres Güemes y Juana Azurduy, como mínimo»? Pero los próceres se van desgastando, y seguro que en algún momento van a decir: «Mejor que los próceres conserven su prestigio, pongamos a gente desconocida en los billetes, total no van a perder el prestigio que no tienen». ¡Y mirá si me ponen a mí, que soy una perfecta desconocida!
–Quedate tranquila, Rebequita, nadie es perfecto.
No sabemos si fue la frase de Tobías, o las tres medialunas remojadas en el café con leche… pero todo se calmó. Silencio en la tarde. Ya nada está en calma.