Humor | SANTIAGO VARELA

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Parecería que hay empresas, públicas y privadas, y establecimientos de todo tipo que quieren ayudar al usuario/consumidor publicitando urbi et orbi que ahora no es necesario molestarse en ir a ninguna oficina o negocio porque todo lo que usted quiera hacer –absolutamente todo– lo puede hacer desde su casa, con su celular, por la web. Y cuando lo dicen, estas compañías nos hablan con voz melosa, siempre con una sonrisa, porque estas corporaciones saben sonreír, y nos aclaran que lo hacen para nuestra comodidad y nuestra satisfacción.
Primero hay que creerles, cosa harto difícil, y en caso de que les creamos, saber que ellos no se están dirigiendo a todo el universo de posibles usuarios y usufructuarios, sino, cuanto más, a los millennials… y un poquito más.
Solo a aquellos que, en lugar de nacer con cordón umbilical, nacieron con un cordón digital, internet les puede facilitar alguna tarea. A los demás nos puede acercar a la locura.
Me ha pasado de querer pedir una pizza en una cadena y que me hayan solicitado que me registre, que acepte cookies, que reciba notificaciones y que ponga una contraseña (ellos le dice password). Para colaborar con esto me recomendaron una re banana: «zpWq!59&00pQwq3». Seguro que si la uso nadie va a poder pedir una grande de fugazzeta y pagarla en efectivo cuando se la entreguen haciéndose pasar por mí. Además, sospecho que esta contraseña es bastante parecida a la que uso con la verdulería… y a otras 60 más que tengo en la computadora.
Soy consciente de que las cosas cambian mientras que nosotros nos fosilizamos. Pero no olvido cuando íbamos a una compañía importante y un empleado nos hacía sentar, y nos preguntaban las cosas indispensables para que ellos pudieran llenar la papelería correspondiente. Él hacía su trabajo y resolvía nuestros problemas.
Ahora ese empleado no existe más. Se jubiló, se murió, se esfumó. ¿Quién hace su trabajo? Sencillo: nosotros.
Nosotros nos encargamos de llenar todos los formularios, todas las planillas, fotografiar toda la documentación, o bien elegir el producto, abonarlo, decidir el tipo de flete, combinar la fecha de entrega y todos los demás etcéteras. Hay compañías que prácticamente se han transformado en «autoservice». ¡Hasta los robots se van a quedar sin laburo! Ya no es necesario hablar con nadie. Todo es tarea nuestra. Solo debemos saber dónde meter los dedos en esa cosa que antes era un teléfono y hoy es la vida toda de más de uno/una/une.
Y los dejo porque voy a buscar a mi nieta que piensa que soy un dinosaurio que está mucho más cerca de transformarse en petróleo, que de convertirse en hacker.