Informe especial | DESIGUALDAD Y PANDEMIA

El virus de los pobres

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Alberto Ferrari

La inequidad en el acceso a las vacunas deja a gran parte de la humanidad desprotegida. El negocio de las grandes farmacéuticas y el debate sobre las patentes.

Johannesburgo. Sudafricanos esperan su turno para recibir la segunda dosis. El país donde surgió ómicron propuso suspender las patentes.

CROSET/AFP/DACHARY

No es casualidad que la variante ómicron apareciera en Sudáfrica, país que, junto con India, presentó en octubre de 2020 en la Organización Mundial de Comercio (OMC) la propuesta de suspender las patentes de fármacos vinculados con el COVID-19 durante la pandemia, con la advertencia de que la desigualdad en el acceso a las vacunas dejaría a gran parte de la humanidad retrasada en la inmunización.
No es casualidad que la variante ómicron apareciera en Sudáfrica, país donde en junio pasado se instaló el Centro de Transferencia de Tecnología de Vacunas de ARNm, el primero auspiciado por la OMS, para responder a las flagrantes desigualdades en el acceso a las vacunas. Pero los gigantes farmacéuticos Pfizer y Moderna (especialmente Moderna, que no puede ocultar los cuantiosos fondos públicos recibidos para el desarrollo de su vacuna) se niegan a transferir voluntariamente esa tecnología de las que son los «dueños», pese a las movilizaciones globales y las demandas de Gobiernos, académicos y organizaciones de la sociedad civil.
No es casualidad tampoco que los ocho principales accionistas de Pfizer y Moderna ganaran más de 10.000 millones de dólares cuando sus acciones se dispararon tras la aparición de la nueva variante ómicron, según calculó la ONG Global Justice Now de Londres. La rentabilidad abusiva de las patentes monopólicas no deja de sorprender al mundo, y ha sido reiteradamente denunciada, además, como un obstáculo para terminar con la pandemia. Un informe reciente de People’s Vaccine Alliance, una coalición de decenas de organizaciones contra los monopolios farmacéuticos y a favor de una vacuna genérica, calculó que Pfizer, BioNTech y Moderna están obteniendo ganancias conjuntas de 65.000 dólares por minuto. Solo Pfizer facturará 33.500 millones de dólares de su vacuna este año, lo que la convierte en uno de los productos farmacéuticos «más vendidos jamás producidos», tal como asevera el informe.
Y tampoco parece una casualidad –aunque suena a ironía– que la esperada reunión ministerial de la OMC, la Organización Mundial del Comercio, que debía comenzar el 30 de noviembre para debatir la exención de las patentes de medicamentos y tecnologías para el tratamiento y la prevención del COVID-19 propuesta por India y Sudáfrica con el acompañamiento de un centenar de países, se suspendiera 72 horas antes de la apertura con la excusa de que el nuevo brote de ómicron bloqueaba los viajes internacionales.
Y esta vez tampoco es posible culpar a la OMS de lentitud o burocracia, como argumentó el entonces presidente Donald Trump en enero de 2020, cuando el COVID-19 atravesó las fronteras de los Estados Unidos y el organismo, según denunció el mandatario, fue incapaz de una alerta temprana. Esta vez los funcionarios de la OMS venían reiterando desde hacía muchos meses que «la doble vía» en el ritmo de vacunación podría ser el germen para nuevas mutaciones.

Zonas de riesgo
«Ómicron demuestra por qué el mundo necesita un nuevo acuerdo sobre pandemias», porque «la seguridad sanitaria internacional es demasiado importante para dejarla al azar, la buena voluntad, las corrientes geopolíticas cambiantes o los intereses creados de empresas y accionistas», afirmó Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, al habilitar a fines de noviembre la sesión extraordinaria de la Asamblea Mundial de la Salud convocada para discutir un nuevo Tratado Pandémico. Se trató de la primera reunión presencial en mucho tiempo, con la nueva variante golpeando a las puertas.
Ghebreyesus informó a la Asamblea que en un año se habían suministrado alrededor de 8.000 millones de dosis en todo el mundo, «la mayor campaña de vacunación de la historia», pero «hace un año, cuando comenzamos a ver que algunos países llegaban a acuerdos bilaterales con los fabricantes, advertimos que los más pobres y vulnerables serían pisoteados en la estampida mundial de vacunas».
El resultado ha sido, según el director de la OMS, que más del 80% de las vacunas «se han destinado a los países del G20, mientras que los países de bajos ingresos, la mayoría de ellos de África, han recibido solo el 0,6% de todas las vacunas, 103 países aún no han alcanzado la meta de vacunar el 40% de su población y más de la mitad de ellos corren el riesgo de no alcanzarla antes de fin de año, simplemente porque no pueden acceder a las vacunas que necesitan».

Alajika. «La aparición de esta variante
se debe a la falta de vacunación.»

Tedros. Los más vulnerables, pisoteados
en la estampida mundial de vacunas.

Coincidentemente con estas cifras, la agencia Bloomberg confirmó que a fines de noviembre se habían administrado cerca de 8.000 millones de dosis, según su propio relevamiento global. Pero los expertos sanitarios estiman que se requieren 11.000 millones de dosis para aplanar los contagios.
Sin casualidades, con previsibles alertas, ómicron «es el peor de los miedos que se hace realidad», según afirmó Lily Caprani, jefa de Salud Mundial, Vacunas y Respuesta a una Pandemia de UNICEF. En tanto, la médica nigeriana Ayoade Olatunbosun-Alakija, vocera de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas de la Unión Africana, fue una de las voces más fuertes en sus reclamos hacia las potencias mundiales. «La aparición de esta variante se debe a la falta de vacunación por el acaparamiento de vacunas por parte de los países desarrollados», fustigó.
«Si el COVID-19 que surgió en China hubiera aparecido primero en África, no quedan dudas de que el mundo nos habría encerrado y habría tirado la llave muy lejos. No habría existido ninguna urgencia para desarrollar vacunas porque hubiéramos sido prescindibles», vislumbró indignada. La explosión de una nueva variante en Sudáfrica y Botsuana para muchos se sintetiza en una palabra: vergüenza.
«Hubo vergonzosas fallas en el cumplimiento de las promesas sobre la distribución justa de vacunas por parte de Occidente y el fracaso de las naciones ricas para llevar vacunas al mundo en desarrollo está volviendo a atormentarnos», escribió el ex primer ministro laborista James Gordon Brown en The Guardian. «Lo que pasa en África no solo es una vergüenza, nos pone a todos en peligro. El mapa actual de distribución y aplicación de vacunas es un escándalo», coincidió a miles de kilómetros de distancia Marcela Belardo, del Instituto de Estudios Sociales de la UNPAZ.
Pero las de desigualdades también se reproducen en el contexto latinoamericano, como si la región refractara la inequidad global. Carissa Etienne, directora general de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), lamentó que «solo el 54% de las personas en América Latina y el Caribe hayan sido vacunadas completamente contra el COVID». La OPS había establecido como objetivo que los países de la región alcanzaran al menos el 40% de su población vacunada para fines de 2021, pero «solo 20 países de las Américas han superado ese objetivo, mientras que 15 países de la región todavía tienen menos del 40% vacunado», detalló Etienne, cuando ómicron ya acechaba al continente.

Londres. Protesta del grupo Global Justice Now contra la decisión del Gobierno birtánico de oponerse a la liberación de patentes.

TALLIS/AFP/DACHARY

«La inequidad de las vacunas es evidente en la región: cuatro países tienen más del 70% de su población vacunada, pero dos países aún no han alcanzado ni siquiera el 20% en las Américas: Jamaica y Haití», subrayó. El argentino Sebastián Tobar y la brasileña Miryam Minayo, ambos economistas de la salud de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil, agregaron que 568,4 millones de personas en las Américas recibieron el esquema de inmunización completo, con más de 1.316 millones de dosis administradas. Pero del total de vacunas que se administraron en la región, «solo 70.650.020 dosis fueron distribuidas por COVAX (5,36%), demostrando su ineficacia», afirmaron sobre la plataforma global de la OMS creada, irónicamente, para evitar las inequidades.
Ineficacia que castiga en especial a los países africanos, pues recibirán 155 millones menos de las 520 millones de dosis que la plataforma COVAX había prometido entregar al continente africano hasta fines de diciembre. Después de la aparición de ómicron y un nuevo pico de demanda de los países desarrollados, los funcionarios de la OMS admitieron que habían recordado su pronóstico de suministro a África en alrededor del 25%.
«Hasta la fecha, África en su conjunto ha recibido solo alrededor de 138 millones de dosis a través de COVAX», precisó el congoleño Richard Mihigo, gerente de Área del Programa de Inmunización de la OMS, días después del estallido de ómicron. «Solo 40 millones de africanos han recibido las dos dosis necesarias para estar completamente vacunados, y esto representa solo el 3% de la población africana. Cuando se mira el África subsahariana, es alrededor del 1,7%. Es probable que menos de 20 de los 54 países africanos alcancen el objetivo de la OMS de vacunar al 10% de su población para fines de año», precisó el funcionario.

Los unos y los otros
Durante la semana previa a la frustrada reunión ministerial de la OMC, más de 30 organizaciones estadounidenses entregaron tres millones de firmas a la administración Biden en apoyo de la propuesta de India y Sudáfrica de liberar las patentes y reclamando una vez más contra «las barreras de propiedad intelectual que limitan el suministro de vacunas». El reclamo se sumó a una avalancha de apoyos a la exención, que incluyó a la mayoría de los demócratas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, más de 170 exjefes de Estado y premios Nobel, organizaciones de la sociedad civil, académicos y expertos en propiedad intelectual.
También en Estados Unidos, alrededor de 90 organizaciones de la sociedad civil exigieron a Moderna que comparta su vacuna COVID con los países de escasos recursos (ver Moderna y los subsidios). «Moderna ha convertido la vacuna de este pueblo en una vacuna de los ricos», acusó Peter Maybarduk, director del programa Access to Medicines de Public Citizen. «Miles mueren cada día por COVID-19 mientras Moderna mantiene su vacuna fuera del alcance de estas personas», lamentó Max Lawson, copresidente de People’s Vaccine Alliance, insistiendo que la multinacional debe compartir su tecnología con el nuevo centro de desarrollo ARNm de Sudáfrica. «La administración Biden podría haber resuelto el retraso hace meses compartiendo la tecnología de vacunas con la OMS. Los expertos dicen que el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS) ha poseído durante mucho tiempo la receta de la vacuna de Moderna, incluidas instrucciones paso a paso sobre cómo hacerla y las cantidades exactas de ingredientes, ya que los científicos del Gobierno de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) la inventaron juntos. Sin embargo, la administración se ha negado hasta ahora a intervenir en las negociaciones entre la compañía y la OMS», cuestionó el sitio progresista The Daily Poster de Washington.

Sudán. África recibió 155 millones de dosis menos que las prometidas por COVAX.

HAMID/AFP/DACHARY

La OMS invirtió 100 millones de dólares en el Centro de Transferencia de Tecnología de Vacunas de ARNm de Sudáfrica, en un intento por desarrollar una vacuna COVID que sea lo más parecida posible a la versión producida por Moderna. Como socio local, la OMS contrató a la empresa sudafricana Afrigen Biologics and Vaccines, con experiencia en plataformas biológicas. «Una vez que Afrigen haya resuelto todos los pasos complicados para producir la vacuna a escala industrial, la OMS y otros socios planean pagarle para que se convierta en un centro de enseñanza –prometió Martín Friede, el funcionario de la OMS a cargo del proyecto en Sudáfrica–. Se invitará a fabricantes de todo el mundo a que conozcan todo el proceso. Esto acelerará la disponibilidad de la tecnología, no para un solo fabricante, sino para muchos, especialmente para aquellos países de medianos y bajos ingresos». En tanto, el representante de Pfizer para África, Patrick van der Loo, desalentó la producción masiva en el continente, con el argumento de que «las transferencias de tecnología para la formulación y el acabado de llenado de la mayoría de nuestras vacunas tomaron alrededor de tres años».
Sudáfrica, a contramano del reloj de Pfizer, esperaba que la exención de las patentes COVID hubiese acelerado los tiempos para su incipiente desarrollo tecnológico en la fabricación de vacunas. Por eso, ante la cancelación de la reunión ministerial de la OMC de fines de noviembre, en un comunicado expresó que «lamentamos que los países miembros no hayan trabajado realmente para lograr lo que podría haber salvado millones de vidas y puesto a todos a salvo». «La falta de acuerdo para abordar las barreras a la propiedad intelectual, junto con la imposición de restricciones a ciertos países que van en contra de la orientación de la Organización Mundial de la Salud, arroja una luz tenue sobre la capacidad de la OMC para actuar en solidaridad durante una emergencia internacional», añadió el Gobierno sudafricano.

OMC. La conferencia ministerial de la organización fue suspendida por la suba de casos.

COFFRINI/AFP/DACHARY

«Se ha utilizado el tiempo en consultas interminables y reuniones bilaterales que no se han traducido en un resultado significativo», agregó India, copatrocinante de la propuesta presentada en octubre de 2020, cuando aún no había vacunas en el mercado. El Gobierno del país asiático añadió que lamenta que se haya hecho realidad lo que siempre argumentaron los países que pedían la suspensión de las patentes: «Siempre hemos dicho que la inequidad en el acceso a las vacunas conduciría al aumento de variantes que pueden ser más transmisibles, más letales y eludirían la eficacia de las vacunas existentes, entonces, ¿cuánto tiempo pueden esperar los miembros de la OMC y a qué costo?».
A decir verdad, aunque la reunión ministerial de la OMC se hubiese celebrado, no había indicios de cambios sustanciales en la posición de las piezas sobre el tablero. El presidente Joe Biden en una declaración pública había reiterado su apoyo a una exención de las patentes «dada la urgencia de la pandemia y el reciente desarrollo de una nueva variante». Pero Europa mantiene su negativa, como ocurre desde hace un año con el férreo rechazo de Alemania y el Reino Unido a la vanguardia, aunque fuentes de la OMC aseguraron que Suiza y Noruega habían virado hacia una posición «más flexible».
El embajador noruego Dagfinn Sørli, presidente del Consejo de los ADPIC (Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio) de la OMC, en cuyo ámbito se discutiría la exención de patentes, instó a los países miembros a continuar trabajando sin el «aporte político» de los ministros. Una invocación que se repite desde fines de 2020, cuando aún había tiempo para que todos los continentes y países estuviesen en igualdad de oportunidades para acceder a las vacunas.

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