Informe especial | ÁREA DE DANZA DEL CCC

Experimentación en movimiento

Por el espacio de la avenida Corrientes pasaron grandes artistas de la disciplina locales y extranjeros, con obras centradas en distintos temas y estéticas.

Referentes. El escenario del CCC albergó a figuras destacadas de la danza como Carlos Casella, que en 2011 presentó la obra «Random».

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Durante 2022, las salas del Centro Cultural de la Cooperación acogieron espectáculos como La luna en la caja, del destacado coreógrafo David Señorán. La danza tiene un lugar asegurado en el espacio de la avenida Corrientes. Esto se ve como una constante si se hace una retrospectiva y se miran aquellos primeros años en los que se consolidaba la programación de propuestas coreográficas. Por 2004, 2005, 2006, se vieron obras que, por distintas razones, marcaron camino o confirmaron el recorrido de importantes artistas.
La lista es extensa y abarca piezas como Los Nadies, un proyecto colectivo de la Fundación Crear Vale la Pena, liderada por Inés Sanguinetti; Hermosura, del grupo El Descueve; A punto de ebullición, de Mabel Dai Chee Chang; Diario de viaje (D.D.V.), de Susana Szperling; Hay en mí formas extrañas, de Luis Garay; Tierra de Mandelbrot, de Edgardo Mercado; Karo vertical, de Gabily Anadón; Interior americano, de Andrea Servera y Manuel Attwell.
En aquellos comienzos, el área de danza era dirigida por la coreógrafa y bailarina Gabily Anadón. Actualmente lleva adelante esa tarea Mariela Ruggieri, quien recuerda: «Yo empecé como coordinadora en el CCC cuando Gabily se fue a vivir a Misiones en 2011. Su labor fue fantástica, porque generó una vidriera muy buena, muy responsable, donde investigar y mostrar la danza, con sus debilidades y fortalezas. Ella había instalado el proyecto Danza y Política y clínicas de investigación y residencia, que yo retomé. A eso le sumé el aspecto teórico y la articulación con la Secretaría de Investigaciones».
Experimentar, presentar espectáculos y articular con instituciones y colectivos es algo que define al Área de Danza del CCC. En diversas ocasiones, la colaboración con la Universidad Nacional de las Artes, por ejemplo, permitió proyectos destacados, incluso presencias internacionales. «Gracias a un convenio con la UNA, se alojaron trabajos de residencias y obras de artistas y docentes internacionales, con propuestas increíblemente buenas», subraya Ruggeri. Como parte de la articulación CCC-UNA, el francés Jérôme Bel llegó con The show must go on, su compatriota Loïc Touzé con Élucidation y la española La Ribot con Llámame mariachi. En asociación con el Festival Internacional de Buenos Aires, en 2005 el CCC fue sede de otro francés, Pierre Rigal y su solo Erection. En esta misma dirección, en 2012 acogió algunas de las funciones del Festival CoCoA (Coreógrafos Contemporáneos Asociados Danza Teatro Independiente). Y luego se unió a la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), lo que permitió que se presentara el Grupo de Danza de esa universidad, dirigido por Oscar Araiz.

Mirada contemporánea
Sean locales o extranjeras, las piezas de danza que pisan el CCC comparten algunos rasgos. «Buscamos que tengan temáticas, búsquedas, estilos diversos, dentro de toda la gama de estéticas de la danza, pero con una aproximación a la contemporaneidad», explica Ruggeri. Ejemplo de ello es la compañía de Leonardo Cuello, que se asienta sobre el tango: en 2013 presentó Colección Tango; en 2022, Ástor, nosotros, una suerte de homenaje a Piazzolla. Años atrás también estuvo la Compañía Federal de Danza, con una fusión entre lo folclórico y lo contemporáneo; asimismo, Cecilia Benavídez, quien hace danza afro; y diversas propuestas de danza butoh, como La trampa del paraíso perdido, de la bailarina y coreógrafa Rhea Volij, en 2019. Por su parte, Florencia Werchowsky hizo Danza de los estados, donde intervinieron miembros del Ballet del Teatro Colón como Maricel De Mitri, Silvia Bazilis y Edgardo Trabalón, que revisaron vida, técnica y obra de artistas de la vertiente clásica. La conexión pasado-presente sucede a menudo en el CCC, como en el caso de La farsa de la búsqueda, de Paula Rosolen, un solo de la bailarina y coreógrafa alemana Renate Schottelius, iniciadora de la danza moderna en la Argentina; y Boceto para la siesta de un fauno, de la propia Ruggieri, sobre la controvertida figura del ruso Vaslav Nijinski.
Por el CCC pasaron y pasan grandes nombres, como Carlos Casella, con Random, en 2011, o antes, el Grupo Krapp: en 2008, el conjunto de Luis Biasotto, Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Edgardo Castro y Fernando Tur hicieron Olympica; en 2009, el recordado Biasotto estrenó Octubre (un blanco en escena). En 2013 se hizo una retrospectiva de la coreógrafa Mónica Fracchia: Castadiva 15 años.
A la par de lo anterior, señala Ruggieri, también «se hacen espectáculos que quizás no tienen tanto renombre, y que organizamos con mucho esfuerzo junto a Alba Virgilio y Daniela Mena Salgado. Y me enorgullece que en el CCC se radicó la investigación sobre el trabajo de María Fux, que llevaron adelante María José Vexenat y Malva Roldán». La propia Fux hizo en 2005 su espectáculo Después de los ochenta, ¿qué?, y en 2010, a sus 88 años, dio su última función en la Sala Solidaridad.
En general, el espacio programa espectáculos que ya han sido realizados y necesitan un escenario donde mostrarse. Sin embargo, explica Ruggieri, también existe «el programa Investigaciones en Residencia, donde se reciben proyectos de investigación que transiten lo práctico y lo teórico». Por último y no menos importante, el CCC es un lugar central en relación al Movimiento Federal de la Danza. «Siempre facilitamos el lugar para reuniones, para propiciar la gestión y participación en la Ley de Danza», dice. «En el CCC se dio la primera asamblea del movimiento, que instaló una reflexión sobre qué hacemos, dónde lo hacemos, qué somos en el sector de la danza».


Analía Melgar