Informe especial | ADRIÁN DI GIÁCOMO

Lo que el fuego se llevó

El mes de febrero de 2022 seguramente será recordado por los correntinos como uno de los más trágicos. Casi un millón de hectáreas sucumbieron ante las llamas descontroladas, lo que representó, de acuerdo con el último informe del Instituto de Tecnología Agropecuaria, el 11% del territorio provincial. En medio del caos, los científicos decidieron, por primera vez en el país, salir a relevar qué especies habían perecido por las llamas. Fue así que técnicos e investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Litoral en Corrientes (CECOAL, CONICET-UNNE) junto con otros de la Administración de Parques Nacionales y del Ministerio de Ambiente de la Nación salieron al terreno. «Queríamos contestar la pregunta de cuántos animales se perdieron en estos incendios. Los Esteros del Iberá y su entorno es un ecosistema natural importante para sostener poblaciones de especies emblemáticas como los ciervos de los pantanos, venados de las pampas, carpinchos, muchas de los cuales se estaban recuperando. Lo que se hizo fue registrar los animales muertos, identificar a qué especie pertenecían y cargar los datos en paralelo a la geolocalización del terreno en tiempo real», relata Adrián Di Giácomo, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del CECOAL. Los investigadores recorrieron unos 160 kilómetros a pie y registraron en esa muestra de superficie unos 260 animales muertos de todas las especies. De acuerdo con la extrapolación que se puede hacer y tomando como antecedente un estudio de similares características realizado en Brasil, en 2020, donde ardieron 4 millones de hectáreas y murieron 17 millones de animales, en Corrientes se podría llegar al millón de animales fallecidos.
«Los más afectados fueron los carpinchos, un alto porcentaje murió. También hubo serpientes y reptiles pequeños, porque son los que tienen menos vías de escape que las aves o los mamíferos más grandes que pueden huir o refugiarse, también hubo casos de yacarés. Las aves no se quemaron porque pudieron huir, pero se van a ver afectadas igual porque no van a tener alimentos o no van a poder nidificar», advierte el biólogo. Consultado sobre la importancia de contar con normas que resguarden los humedales, es categórico: «Todos los mecanismos de protección que podamos tener serán como poseer un ahorro, un capital, para desarrollar las comunidades locales. La regla número uno de la restauración ambiental es primero salvaguardar lo que quedó, por esto necesitamos leyes, áreas protegidas e inventarios, todas las herramientas que se puedan conseguir para tener recursos naturales a largo plazo».