Informe especial | MALVINAS | EDGARDO ESTEBAN

Marcados a fuego

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Marcelo Torres

Es un reconocido periodista, de larga trayectoria en radio y televisión (fue corresponsal de Telesur en Argentina durante 12 años); autor de una novela sobre la guerra (Iluminados por el fuego) que fue llevada al cine; guionista; y docente en diversas casas de estudio; pero Edgardo Esteban es también un excombatiente de Malvinas y, como tal, al terminar el conflicto, cumplió una destacada labor en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos perpetradas por algunos militares contra conscriptos que lucharon en las islas. En la actualidad es director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, emplazado en el predio del Espacio de Memoria y Derechos Humanos (exESMA). Allí es donde Esteban recibió a Acción para hablar sobre distintos aspectos de lo que fue la recuperación de las islas.
–A 40 años de la guerra de Malvinas, ¿qué sucesos, qué vivencias sentís que todavía te marcan?
–Por el tema de la guerra de Ucrania se refrescó una frase que es la de la contratapa de Iluminados por el fuego del año 1993, que dice que la guerra es un procedimiento por el cual, hombres que no se conocen, se ven obligados a matarse por hombres que sí se conocen y no se matan. Y todas las guerras son injustas. La de Malvinas, por su contexto, tuvo sus características, había una dictadura cívico-militar que no hay que desvincular. Lo que te marca es esa sensación de haber estado en un lugar por una causa justa, porque la recuperación de nuestras islas es eso. Y uno siente ese recuerdo que nos marcó a fuego a todos y todas los que estuvimos allá. Y está toda la experiencia vivida… las bombas, el frío, esa frustración cuando se anunció la derrota, porque de alguna forma habíamos entregado todo para recuperarlas y había un convencimiento de que estábamos ganando. Y de la noche a la mañana se perdió. Y ahí uno entiende que la gran derrotada en una guerra es la verdad.
–¿No era previsible la reacción británica?
–Yo creo que se subestimó. Pensá que la dictadura militar fue alentada por Estados Unidos, fue acompañada; Henry Kissinger vino a la Argentina, Ronald Reagan hablaba maravillas de Leopoldo Galtieri, toda esa participación activa que tuvo el Ejército argentino en la Escuela de las Américas, para la lucha contra las guerrillas, había una alianza muy estrecha. Se subestimó también la relación que une a EE.UU. con Gran Bretaña.
–¿Cuál es el vínculo más fuerte que une a la dictadura con la guerra?
–Este, estamos en un museo, el Espacio de la Memoria, que es parte de esa historia y lo importante es que podamos hablar de ella. La posguerra fue tan dura como la guerra en muchos casos, especialmente para los soldados. Se perdió y automáticamente nadie quiso hablar de la derrota. Ese vía crucis lo sufrimos los excombatientes durante mucho tiempo. La posguerra llevó al estrés postraumático, a la drogadicción, a la violencia y a la problemática fundamental de los suicidios. Hay más muertes por suicidios que por combates como secuela de eso. Pero también el final de ese conflicto bélico fue la transición a la democracia.
–¿Cuál es el factor fundamental en la discusión con Gran Bretaña?
–El faro más importante que tiene el museo es la palabra «soberanía», pero los Gobiernos neoliberales de los 90 o el de Mauricio Macri no hablaron de ello. Hablaban de las relaciones carnales, los grandes negocios. Malvinas es desarrollar nuestro Mar Austral, nuestra plataforma continental. La depredación que vemos es tremenda, como la del calamar: entre 1983 y 2021 se recaudaron entre 160.000 millones y 187.000 millones de dólares, nada más que de regalías pesqueras. Es dinero que se llevan los británicos y fundamentalmente empresas gallegas, del puerto de Vigo, que tienen los permisos de pesca.
–¿Creés que se puede llegar a discutir la soberanía con los británicos?
–Va a ser muy difícil. De las 16 colonias que hay en el planeta, 15 son británicas. Pero la lucha que se pierde es la que no se construye. Y nosotros tenemos que luchar. Mi sueño es ver flamear la celeste y blanca en Malvinas, no sé si llegaré a verlo, pero no podemos bajar los brazos.

GUIDO PIOTRKOWSKI

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