Informe especial | DUELO DE POTENCIAS

Papers, 5G y microchips

El conflicto tecnológico no cesa: mientras China gana terreno en varios frentes, Estados Unidos renueva estrategias para recuperar políticamente la hegemonía perdida.

Conexiones. Desde 2019 EE.UU. presiona a otros países para que excluyan a la empresa Huawei de las licitaciones de 5G.

Foto: AFP/DACHARY

En las últimas semanas se supo que China superó a Estados Unidos en la cantidad de trabajos científicos más relevantes publicados en revistas especializadas en 2019. Según un informe del Ministerio de Ciencia de Japón, el 27,2% del 1% de los artículos más citados les pertenece, en tanto que el 24,9% son de origen estadounidense, un predominio que se expande también al medir otras variables. Lejos de la anécdota que solo afecta el ego de los científicos, estos trabajos constituyen los cimientos del desarrollo tecnológico, uno de los ejes de la disputa geopolítica entre ambas potencias.
Hasta hace un par de años la pelea tecnológica pasaba centralmente por el 5G, la nueva generación de telefonía celular, que permitiría no solo aumentar la velocidad de las conexiones de datos sino, sobre todo, conectar millones de dispositivos de manera simultánea, un paso clave en el camino hacia la internet de las cosas. Al menos desde 2019, Estados Unidos presiona a otros países para que marginen a la empresa china Huawei de las licitaciones de 5G: en otras palabras, intenta disputar políticamente lo que ya parece perdido en el campo tecnológico y el mercado. De momento, sus esfuerzos tuvieron pocos resultados
No deja de ser llamativo que el principal argumento es que la empresa china tiene una relación excesivamente cercana al Gobierno de ese país, por lo que la información que circule por sus dispositivos quedará comprometida: las denuncias de Edward Snowden sobre la simbiosis entre grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses y los aparatos de inteligencia de ese país dejan claro que el Gobierno norteamericano sabe de qué habla.

Oferta y demanda
En los últimos meses la disputa sumó a los microprocesadores que desde la pandemia no alcanzan a cubrir una creciente demanda: si antes estas piezas eran utilizadas por computadoras y otros dispositivos digitales, actualmente casi todos los aparatos cuentan con uno, desde cafeteras y lavarropas hasta autos y misiles (incluso los que se usan para bombardear Ucrania). Durante décadas las empresas estadounidenses tercerizaron su producción en el país oriental y ahora enfrentan dificultades en numerosas industrias por la falta de este insumo central. 
El tema es tan relevante que en la breve pero polémica visita de Nancy Pelosi a Taiwán, la presidenta de la Cámara de Representantes se tomó el tiempo para reunirse con Mark Liu, presidente de Taiwan Seminconductor Manufacturing, el mayor productor global de chips. En julio, Joe Biden aprobó un paquete de incentivos por 52.000 millones de dólares para estimular la industria local de microchips: una parte de ese dinero irá a a la empresa taiwanesa que planea una planta de 12.000 millones de dólares en Arizona. 
Las señales de que Estados Unidos no quiere perder la disputa geopolítica con la potencia en ascenso se multiplican al igual que los indicios de que está dispuesto a utilizar bloqueos comerciales, recursos políticos e incentivos económicos para recuperarla. La reciente tensión militar generada por la visita de Pelosi a Taiwán agrega una peligrosa señal acerca de hasta dónde se puede ampliar esa disputa.


Esteban Magnani