Opinión

Andrés Tzeiman

Politólogo

Un terreno fértil

Las elecciones legislativas del año 2021 sacaron a la luz un fenómeno desconcertante. La extrema derecha (autodenominada «libertaria») llegó a cosechar un 17% de los votos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y un 7,5% en la provincia de Buenos Aires, erigiéndose como tercera fuerza en ambos distritos.
Dicha emergencia no hizo demorar la irrupción de la pregunta por las causas de tal fenómeno político. En ese sentido, quisiéramos destacar aquí dos elementos que consideramos fundamentales para explicar este abrupto crecimiento de la extrema derecha.
El primero tiene que ver con su dimensión internacional. La emergencia simultánea en Europa y Estados Unidos de personajes como Trump, Le Pen, Johnson y Orbán, así como de fuerzas políticas como Vox en España, Alternativa para Alemania y el Frente Nacional en Francia, no es un fruto de la casualidad. Si bien dichas expresiones constituyen un fenómeno heterogéneo, observamos en todos los casos un recrudecimiento de la xenofobia, el racismo y el machismo. Sucede que las consecuencias regresivas de la crisis del año 2008, junto con la creciente exigencia sobre los sujetos que es propia del actual modelo neoliberal (menos derechos laborales, más precariedad de la vida), incrementaron las situaciones de inestabilidad e incertidumbre que encuentran en expresiones políticas violentas un canal de descarga ante la incapacidad de las fuerzas tradicionales de producir una respuesta satisfactoria.
El segundo elemento tiene que ver con el carácter local del fenómeno. El casi millón de votos obtenidos por la extrema derecha en las últimas elecciones no significa que la doctrina libertariana se haya consolidado en Argentina. Más bien implica que se ha establecido un terreno fértil para que soluciones radicales se difundan en la esfera pública. En ese sentido, la crisis económica provocada por el Gobierno de Mauricio Macri, el profundo malestar generado por la pandemia en todas las esferas de la vida y las dificultades que enfrenta el actual Gobierno para revertir ambas debacles constituyen una arena de frustración y desencanto en la cual los discursos de politización violenta encuentran su lugar de injerencia y productividad.
La pregunta que surge en el campo progresista es cómo frenar esa ola autoritaria. Por supuesto que la respuesta no es sencilla. Pero si existe un modo de ponerle un freno a la derecha radical es refutando en la vida cotidiana el cuestionamiento al conjunto de lo que ella llama la «casta política». Es decir, el mejor antídoto que puede encontrar el Gobierno para evitar el crecimiento de la extrema derecha es «reconectando» con la sociedad a través de la resolución de sus problemas concretos. La recuperación urgente de los ingresos populares y el mejoramiento de sus condiciones de vida después del «shock social» provocado por la pandemia resultan las condiciones esenciales para impedir que la pesadilla de este crecimiento de la extrema derecha llegue demasiado lejos. De hecho, allí es donde se concentrará la principal disputa política y el desafío primordial del campo nacional, popular y democrático de cara a las elecciones de 2023.

ENRIQUE GARCIA MEDINA