Informe especial

Vacaciones en pandemia

Traslados más cortos, menos consumo, actividades en espacios abiertos y protocolos de distanciamiento social son los signos distintivos de una temporada atípica. Los nuevos hábitos y la situación de uno de los sectores económicos más golpeado por el COVID-19.


(AFP Photo/Parque Nacionales)

Playas con barbijo, destinos más cercanos que privilegian sobre todo la costa atlántica, menos consumo y más actividades al aire libre parecieran ser las premisas que describen una temporada que sin lugar a dudas será distinta a todas las demás. Hasta ahora, la decisión del Gobierno ha apuntado a priorizar la reapertura y las economías regionales. Tras varios tironeos, las provincias fueron flexibilizando sus medidas y se fueron unificando criterios. Sin embargo, aún hay una enorme incertidumbre sobre cómo se desarrollará este verano ante el temor que persiste en muchas personas a trasladarse. Desde el sector, no obstante, mantienen el optimismo y señalan las transformaciones que ya se vienen notando en lo que serán unas vacaciones atípicas, trazando un interrogante: ¿llegaron estos cambios para quedarse?
Si se toma como prueba piloto el último fin de semana largo del año pasado, los augurios parecen ser bastante buenos: mucha afluencia de gente pero sin fotos de playas atestadas o grandes aglomeraciones. El feriado del 8 de diciembre significó, de hecho, la primera posibilidad desde que comenzó el aislamiento social para transitar las rutas bonaerenses y los destinos de la costa atlántica –encabezados por San Bernardo, Mar del Tuyú y Santa Teresita– fueron los que más afluencia de turistas recibieron. Con todas las miradas sobre sus hombros, las autoridades nacionales y distritales se preocuparon por dar una imagen de control y cuidado en el distanciamiento social. Entre una lista larga de medidas, los protocolos dispusieron la circulación con barbijo en las playas, un máximo de cuatro personas en las carpas y sombrillas de los balnearios y la prohibición del uso de espacios comunes en los hoteles.
De acuerdo con un informe publicado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la conclusión fue optimista. Solo viajó un 26% menos de gente de la que lo hubiera hecho en condiciones normales. El relevamiento permitió dar cuenta también de que hubo traslados más cortos –se eligieron destinos más cercanos y económicos– y se consumió menos. Para Aldo Elías, titular de la Cámara Argentina de Turismo, entre otros factores esto se explica por el rango etario que va a caracterizar al turismo este verano, ya que el segmento de la tercera edad –uno de los que más gasta cuando viaja– quedará bastante relegado. No obstante, en su opinión el contexto también abre nuevas posibilidades como las que se generan con el homeworking, que habilita estadías más largas ya que la gente no necesariamente tiene que volver a su puesto de trabajo.


Rosario. Las playas de los balnearios púbicos y privados de la ciudad santafesina abrieron en noviembre bajo estrictos protocolos sanitarios. (Sebastián Granata/Télam)

En este sentido, desde el sector auguran algunos cambios caracterizados por un turismo más de cercanías con preferencia en espacios más alejados de los centros urbanos. Estancieros, cabañeros y agencias de turismo rural, por ejemplo, se preparan para recibir una ola de visitantes. Julia Gracey está al frente de Oveja negra, un pequeño complejo de cabañas en San Javier, Córdoba, que además se sostiene con un negocio de artesanías: «En general las consultas eran por cinco o siete días. Para este verano nos preguntan por dos o tres semanas. De hecho, nosotros ya tenemos casi todo reservado. Creo que es notorio el deseo de la gente de escapar de las ciudades. San Javier es un lugar muy tranquilo y ofrece lo que es imprescindible en estos momentos, acá es posible la distancia social. La gente, por otro lado, tiene mucha necesidad de trabajar y que el pueblo empiece a moverse aunque también está el miedo».
Otra novedad de esta temporada serán los motorhomes. Mientras las empresas de este rubro hasta ahora se sostenían gracias al público extranjero, advierten que la demanda local se ha duplicado y en su mayoría ya cuentan con un 100% de las unidades reservadas, listas para andar por las rutas argentinas. No es para menos, la casa rodante se vuelve una opción interesante a la hora de garantizar el aire libre evitando todo riesgo de contagio.
«Lo bueno que vemos con todo esto es que el turismo no va a volver a ser el mismo que antes. Hoy creo que hay mucha más conciencia», opina Rosario Sallaberry Cousté. En 2012 llevaba varios meses trabajando en El Calafate cuando decidió generar su propia agencia con propuestas de turismo sustentable. Así nació Ammanik. «La gente nos está consultando por destinos con mucha naturaleza como Bahía Bustamante en Patagonia o Esteros del Iberá en Corrientes. En Bariloche, por ejemplo, estamos en contacto con Cultura Rural Patagónica, un grupo de turismo rural comunitario que abre las puertas de sus casas para mostrar a los viajeros cómo es vivir y trabajar en ese rincón del sur. Creo que es una buena oportunidad para tratar de ofrecer opciones de alojamientos comprometidos con el cuidado del ambiente y hoteles más pequeños, atendidos por sus propios dueños, que además sirven para promover el desarrollo económico local».


Amengual. El principal desafío, dar tranquilidad a la gente para viajar.

Albergucci. Un marco general para habilitar la circulación en el interior del país.

Elías. «El turismo está apoyado en dos pilares: previsibilidad y confianza.»

En definitiva, parece asistirse a un escenario tan complejo como diferente, en el que estuvo trabajando el Gobierno nacional durante los últimos meses intentando dar certidumbre, guiado fundamentalmente por dos premisas: promover la apertura con prioridad en lo económico, dejando las decisiones en manos de cada distrito. «No hay relación directa entre la situación epidemiológica de cada lugar y su decisión de apertura. Ahí se conjugan también factores sociales y políticos. Había provincias con muy baja circulación comunitaria que querían abrir al turismo. Y nos tuvimos que mover entre esos márgenes, intentando establecer un marco general para que, a medida que se vaya permitiendo la circulación en el interior del país, la gente se encuentre con reglas similares», explica Inés Albergucci, subsecretaria de Calidad, Accesibilidad y Sustentabilidad de Turismo, remarcando la utilización de CuidarVerano, la app mediante la cual se buscó centralizar la información de cada punto del país, con detalles de lo que se requiere para cada destino.
Por ejemplo, mientras en Bariloche decidieron simplificar los requisitos –se les pide a los viajeros que completen en la app de circulación de Río Negro los datos personales y firmen una declaración jurada 24 horas antes de llegar–, o en Entre Ríos y Córdoba se demanda solamente el Certificado Verano que otorga el Poder Ejecutivo Nacional, hay provincias como Corrientes y Misiones donde se exige la realización de un test de COVID-19. Para Elías, estas diferencias en los protocolos pueden tener un efecto negativo: «El turismo está apoyado en dos pilares: previsibilidad y confianza. Si ninguno de los dos está cubierto, no hay posibilidad de retornar a una actividad razonable».


Córdoba. Gran movimiento interno en el primer fin de semana largo de diciembre.

En esta dirección, describe un escenario bastante crítico: «El 15% de los hoteles que cerró no va a volver a abrir. Algo similar pasó con las agencias de viaje, se estima que un 20% de ellas dejó de funcionar. La situación es muy difícil, pensemos que hemos pasado ocho meses de cero ingresos, y las estimaciones a nivel mundial plantean que para 2021 se va a trabajar a un 25% o un 30% de la capacidad del sector».

Volver al ruedo
Hace dos años, Vanina Milione y Gastón Majersky decidieron dejar su trabajo como editores audiovisuales en Buenos Aires y se fueron con sus dos hijos a Mar del Plata a recuperar un viejo hotel familiar. Casa Nanet es un enorme chalet de los años 60, con 24 habitaciones que encierran una larga historia, de esas de inmigrantes italianos que hacían sus propios muebles y les amasaban a sus huéspedes ravioles caseros. El año pasado reabrió, con un verano donde todo era promesa. Jamás pensaron lo que sucedería tan solo unas semanas después. «Creo que hoy la incertidumbre corre desde Casa Nanet al Costa Galana. Por supuesto que tenemos que abrir, y no solo por nosotros. Por nuestros empleados, para mantener su trabajo. Si tenemos que cerrar quince días el hotel podría ser un problemón, no solo porque hay que devolver las reservas sino por el problema que le podemos generar al turista –cuenta Milione–, que tal vez entonces no consigue alojamiento, o no por el mismo precio a esa altura. Igualmente, por ahora venimos teniendo reservas y somos optimistas».


Buenos Aires. Demoras en los centros de testeos para turistas de la Ciudad. (Paula Ribas/Télam)

En efecto, uno de los grandes factores que puede afectar la actividad esta temporada son las dudas y la falta de información sobre lo que se podrá y lo que no, como así también cierta incertidumbre respecto a las políticas de cuidado sanitario. Para Roberto Amengual, titular de la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT), el principal desafío justamente ahora es dar tranquilidad para que la gente, que probablemente hasta hace muy poco no salía de su casa, se anime a viajar. En este contexto, el sector que representa se enfrenta con un enorme interrogante. «Estamos ante la disyuntiva de si la demanda justifica la reapertura. Para poner en contexto, un establecimiento hotelero para cubrir los costos de estar funcionando necesita un 45% de su capacidad ocupada, si no incurre en una pérdida mayor que la de estar cerrado».
En efecto, los números son bastante alarmantes. De acuerdo con el último informe publicado por el INDEC en octubre, los hoteles y restaurantes constituyen uno de los sectores más afectados en la economía, con una caída acumulada del 56%. Esta situación no se limita a nuestro país. Según los datos registrados por la Organización Mundial de Turismo (OMT), la caída registrada hasta el momento alcanza un 70%. Es así como hoy el turismo se enfrenta con un enorme desafío, donde la reacción del Estado con políticas que busquen aunar criterios sin perder de vista la situación específica de cada localidad deberá ir acompañada de respuestas creativas que de algún modo puedan confluir generando tal vez una oportunidad para prácticas turísticas que revaloricen el vínculo con las comunidades y su entorno.