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Adiós a la proyección analógica

Apenas 120 años pasaron desde la primera proyección pública de cine. Fue en París, el 28 de diciembre de 1895, y con este acto el concepto de espectáculo cambió para siempre. Desde entonces los avances tecnológicos produjeron cambios notables para disfrute del espectador: la incorporación de sonido primero, de color después, y grandes avances en cuanto a calidad y seguridad. Sin embargo, todos y cada uno de estos cambios se produjeron sobre el mismo soporte: la cinta de 35 milímetros (mm) y el proyector. En los últimos años, una nueva tecnología se fue incorporando a las cabinas de proyección. Los proyectores digitales debutaron en la Argentina en 2008 para películas 3D y convivieron por más de un lustro con los clásicos proyectores de 35 mm, pero el cambio se hizo inexorable. Más aún cuando las distribuidoras comenzaron a enviar a proyección películas digitales bidimensionales, desatando una abierta competencia con los analógicos. Del desgaste y pérdida de calidad de la cinta –por el propio funcionamiento de los proyectores– a medida que se sucedían las funciones, se pasó a las películas en formato DCP (Digital Cinema Package), que llegan a los cines en discos rígidos reutilizables y ofrecen  idéntica calidad desde la primera hasta la última proyección. «Siempre he creído en la magia de las películas, y para mí, esa magia está en el 35», dijo el director estadounidense Quentin Tarantino al reflexionar acerca de la batalla que la proyección analógica viene perdiendo ante la eficiencia del píxel y los megabytes. Testigo de la flagrante derrota son los números de las principales productoras de insumos cinematográficos: desde 2007 la demanda de filme virgen descendió cerca del 80%; debido a esto, la japonesa Fujifilm produce material solo por pedidos especiales, y sus competidoras –Agfa y Kodak– están casi desapareciendo. En paralelo,  Panavision y Aaton decidieron no construir más cámaras en 35 mm. En Rosario, por ejemplo, algunas salas instalaron sus equipos digitales sin deshacerse de sus antiguos proyectores, generando la posibilidad de una dualidad de formatos, como El Cairo Cine Público, que conserva su proyector de 35 mm en óptimas condiciones de funcionamiento. Esta sala escapa a la lógica del circuito comercial, ya que apunta a un público más plural y proyecta tanto películas comerciales como independientes. Es el único cine rosarino que tiene previsto organizar ciclos de cine en 35 mm con material de cinematecas. Un entrañable reducto que les posibilita a los puristas volver a ver cine analógico. Entre 2014 y los primeros meses del año pasado, se produjo la digitalización de la totalidad de las salas de cine nacionales. Esto trajo consigo la desaparición y modificación de oficios y modos de trabajo que habían nacido con el cine mismo, aunque de este lado de la butaca, el ritual de ir hasta la sala, acomodarse y comer pochoclo sigue siendo un momento dionisíaco compartido entre personas desconocidas entre sí, que dejan de lado por un rato la incredulidad y se sumergen juntas en una historia y un universo que cobran vida en la enorme pantalla blanca. —Texto y fotos: Gisela Ardit/Infoto