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Bosque urbano

El bosque urbano de la localidad bonaerense de San Martín es un espacio recuperado en el predio del campus Miguelete de la Universidad Nacional de San Martin (UNSAM) por, en un principio, dos estudiantes de la Licenciatura en Análisis Ambiental que en mayo del 2008 presentaron el proyecto. «Teníamos la idea y nos enteramos del programa de voluntariado de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del Ministerio de Educación», recuerda Carlos, uno de los voluntarios. La iniciativa fue aprobada debido a que el plan tenía como objetivo  reforzar la función social de la universidad e integrar el conocimiento generado en las aulas con los problemas más urgentes del país, en general, y de la zona, en particular.
El terreno cedido era utilizado para depositar chatarra y estacionar autos –limita con el estacionamiento de la Universidad–, pero hoy, tras siete años de trabajo mancomunado entre estudiantes y vecinos, se convirtió en el espacio verde con mayor biodiversidad vegetal nativa del municipio de San Martín. En los 3.200 metros cuadrados del bosque, se concentran más de 100 especies de árboles, arbustos, pájaros e insectos.
En el centro del espacio, un domo geodésico –invernadero–, construido con caños reciclados y con diseño del arquitecto estadounidense Richard Fuller, basado en formas edilicias de origen chino del siglo XIX, junto con el laboratorio edificado con barro, evidencian el mestizaje de culturas entre la americana nativa y la del siglo XX con influencias orientales.
En el predio cultivan y crían decenas de árboles nativos que especialmente se donan a vecinos de los barrios cercanos, en particular, a los espacios comunitarios. Esta modalidad tiene como objetivo la articulación con organizaciones sociales distritales al mismo tiempo inducir una forestación con flora nativa en pos del reequilibrio del ambiente, que está descompensada por la excesiva flora exótica introducida.
Pero sus objetivos no se suscriben solo a la planificación forestal. Además, el bosque urbano es un espacio de educación ecológica, que recibe estudiantes de colegios primarios y secundarios estatales del distrito. A lo largo de todo el año, los chicos y adolescentes recorren el predio y asisten a clases de ciencias naturales y realizan prácticas en apicultura y construcción natural. Con esa técnica de construcción, se levantó el «laboratorio vivo», que con paredes de adobe y techo de paja es un aula multifunción donde se dictan clases y que cobija un pequeño laboratorio para las clases de química.
El bosque urbano de San Martín fue reconocido como sitio de interés por el Concejo Deliberante del Municipio, debido al trabajo llevado adelante para vincularse con la Universidad y distintas organizaciones sociales, culturales y barriales. En la actualidad son cerca de quince los estudiantes que se organizan para cuidar y a conservar el lugar. «Todo el tiempo se suman chicos y chicas de otras carreras, que vienen a tomar mate y conversar un rato o a estudiar», señalan entusiasmados los pioneros que supieron crear un espacio con gran potencial social y que se mantiene fiel a sus orígenes, con una organización basada en la diversidad, la participación y de puertas abiertas.

—Informe y fotos: Facundo Nívolo