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Los huarpes y la lucha por el agua

La población huarpe de Laguna del Rosario, provincia de Mendoza, tiene algo de postal apocalíptica, que evoca las consecuencias devastadoras de la ausencia del agua, como efecto del avance del «progreso» en desmedro de la naturaleza e impulsado por intereses económicos. Los huarpes habitan en la actualidad y desde hace siglos una gran extensión de territorios de las provincias de Mendoza y San Juan. Son 11 comunidades desperdigadas en el desierto, integradas por cerca de 5.000 pobladores. Su historia es semejante a la de otros pueblos originarios. Colonización, esclavitud y pérdida de su territorio ancestral –en el caso de los huarpes 750.000 hectáreas por las que aún hoy siguen luchando–.
Laguna del Rosario o de Huanacache se encuentra a 180 kilómetros de la capital mendocina. Hace apenas un siglo, lo que hoy es un desierto cuya tierra resquebrajada está apenas cubierta de retamas, tamarindos y algarrobos enanos, estaba formado por lagunas que se enhebraban entre sí, como cuentas de un rosario. El agua que llenaba los manantiales provenía del deshielo de las cumbres de la cordillera, que descendía a través del río Mendoza, hoy un socavón seco. De estas lagunas brotaba todo lo que le daba vida a la comunidad y sus pobladores: peces, aves acuáticas, agua para los sembradíos y para los animales de cría.
Sin embargo, la expansión de la ciudad y el incipiente crecimiento industrial comenzaron a tornarse amenazante. El extendido de las obras de irrigación para los cada vez más numerosos viñedos y la construcción de diques terminaron por acelerar el proceso de desertización del territorio de la comunidad.
Frente a esta situación, la comunidad huarpe, a fines de los años 80, comenzó a reclamar persistentemente sus tierras. Casi 20 años después, obtuvieron la documentación que acredita la propiedad comunitaria de 72.000 hectáreas. Pero la posesión no les devolvió el agua, ni los miles de huarpes que abandonaron su tierra por falta de trabajo. En el 2008 la construcción del dique Los Potrerillos clausuró definitivamente el escaso goteo de agua potable hacia la comunidad, poniendo en riesgo la vida de sus habitantes. En esa situación, la lucha por el agua se intensificó. «La gente se siente unida por la ausencia de agua, no solo en nuestra comunidad, sino en las 10 restantes. Cuando tenemos reuniones es el tema principal de las discusiones», señala Marcelo Córdoba, vicepresidente del Consejo de la comunidad. En 2010, el Gobierno nacional construyó en la zona el acueducto más grande del país, de 270 km de extensión. Sin embargo, aún falta construir estaciones de bombeo que permitan el acceso y distribución directa del agua a los pobladores huarpes. Hoy es la municipalidad de Lavalle quien acerca el agua en camiones que llenan las cisternas de la comunidad. Allí la gente va a recogerla. Faltan fondos para crear líneas de extensión a través de caños. Los huarpes seguirán luchando para que el agua vuelva a fluir, aunque ya no pura desde los Andes para colmar las lagunas, sino a través de acueductos y canales hasta sus propias casas.

—Texto y fotos: Mario Regis