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Los trabajos y los días

El estigma y la discriminación han operado históricamente sobre la subjetividad de la comunidad travesti, transexual y transgénero. Si bien a partir de la promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario primero, y la de Identidad de Género más tarde, su visibilidad y reconocimiento social ha ido modificándose, las condiciones materiales de este grupo social continúan siendo alarmantes. Un dato duro lo evidencia: su expectativa de vida apenas llega a los 40 años. Insertas en contextos discriminatorios desde su niñez, su situación alcanza rasgos de exclusión y marginalidad que repercuten directamente en sus posibilidades de ingresar y permanecer –a temprana edad– en el ámbito educativo y más adelante en el mercado laboral. El Estado, desde el Ministerio de Trabajo, puso en marcha iniciativas para abordar esta problemática. Abrió cupos de empleo para personas de la comunidad trans en las dependencias públicas y puso en funcionamiento el programa de inclusión laboral trans que brinda capacitaciones en oficios y provisión de herramientas. Diana Valle, de la cooperativa textil La Paquito, reflexiona: «Es una obligación del Estado dar el ejemplo, pero tiene que hacerse extensivo a la actividad privada. Esto se enmarca en la Ley de Empleo, que contempla el acceso al trabajo para aquellos sectores desfavorecidos». Gabriela Abreliano, quien trabaja en la coordinación de Diversidad Sexual de la cartera laboral y milita con el Grupo de Mujeres Trans, Transgénero, Travestis, Intersexuales y sostiene que «este sistema es el que nos tiene acorraladas y marginadas. Las personas podemos llevar banderas, ser visibles para algunos roles, sin embargo, no nos permiten asumir otras responsabilidades. Desandar un prejuicio no es tarea fácil y no es justo que una tenga que vivir la vida desandando prejuicios ajenos». «Agradecemos enormemente la Ley de Identidad de Género, pero creo que nos hubiera hecho bien tener un debate parlamentario más amplio. Nos lo debemos como sociedad», agrega. Fiorella Garrido también trabaja en el Ministerio, pero en la dependencia de la localidad bonaerense de San Martín. Su tarea es tratar de incorporar a otras compañeras en los programas, sacándolas de la dinámica del trabajo en la calle. No es una tarea sencilla. La propuesta del programa está pensada a mediano plazo: talleres de capacitación durante un año, un incentivo de poco dinero por mes y las herramientas de trabajo recién al año siguiente. La Cooperativa de Arte Trans viene presentando desde hace 6 años obras de teatro y brindando talleres para la incorporación de nuevas compañeras a la disciplina. En las experiencias de trabajo colectivo, asegura Diana, se manifiesta con más claridad la dificultad de incorporar la «cultura del trabajo, los horarios, la autoridad, dado que la mayoría de las compañeras viene de costumbres individuales, de arreglarse como pueden. En ese sentido, las que venimos de la militancia quizás tenemos mayor facilidad para adaptarnos», y remata: «Con la cooperativa demostramos que podemos trabajar y que podemos hacerlo bien. Pero no es suficiente. Hay que discutir una Ley de Inclusión Laboral Trans».

—Texto y fotos: Facundo Nívolo