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Restaurar el Congreso

Nunca hubo una etapa de restauración como esta. La diferencia es llamativa y muy importante. Yo trabajaba en cosas menores y no en restauración edilicia, sino en mobiliario, pintura, cosas de poco volumen», cuenta Nora Luzzi, jefa del Departamento de Museo y Restauración de Obras de Arte de la Cámara de Diputados, donde trabaja desde hace 15 años. En 2013, cuando se instauró el Plan Rector de Intervenciones Edilicias (PRIE), su trabajo tomó otro vuelo. El programa, impulsado por el presidente de la Cámara, Julián Domínguez, y ratificado por los titulares de los distintos bloques, tiene como objetivo la restauración y puesta en valor del Palacio Legislativo.
Como primera diferencia, Luzzi ya no estuvo sola en la tarea: se inició con 12 personas, y hoy son 120 los trabajadores contratados entre arquitectos, maestros mayor de obras, pintores y graduados en Bellas Artes. «No alcanza solo con formarse en restauración. Hay gente que viene de otras especialidades, ensambla su trabajo y hace moldería o yesería», explica Luzzi. Con la puesta en marcha del PRIE, el Congreso tomó la relevancia que merecía como edificio con valor patrimonial. «Antes era tratado y mantenido como cualquier otro edificio. No contaba con un equipo que pudiera resolver las problemáticas desde esta mirada. Y hubo que revertir algunas cosas que se hicieron, porque no coinciden con las pautas actuales de tratamiento de un edificio de valor patrimonial en cuanto a estabilidad, reversibilidad y compatibilidad de materiales», especifica.
Hasta el momento se han restaurado grandes salones como el Parodi, el Salón de Honor o el Salón de los Bastones, el Recinto, el hemiciclo del primer piso donde están los armarios de los diputados, la peluquería de damas, la peluquería de caballeros (aún en ejecución), los dos patios, los pisos, los mármoles y metales. «Hicimos seis obras de pintura de caballete que ya volvieron al Salón de Honor –destaca Luzzi–. Se hizo el decapado de cera antigua y se atacaron las problemática más severas». La restauración del Recinto fue muy compleja porque implicaba trabajar con las bancas funcionando. Fueron cuatro meses y se usaron andamios colgantes para que no afectaran el piso. En la actualidad, están terminando el Salón de los Pasos Perdidos, donde se trabajó en los muros, mármoles, piso y también luminarias. El contrato termina a fin de año y no se sabe cómo continuará –si es que continúa–. «Faltan los despachos internos, la adaptación y modernización de los pisos», detalla Luzzi. Mientras tanto, aquellos que visiten el Congreso pueden conocer parte del trabajo realizado en la muestra permanente instalada en los bajos del Salón Parodi.
Sebastián Barcovich estudió arquitectura y trabaja en la restauración desde principios de año. «Es increíble el laburo que se hizo. Es uno de los pocos trabajos donde hay gente de muchas especialidades y todos trabajan muy bien. Se aprende todo el tiempo. Como ciudadano estoy contribuyendo a la mejora de un lugar público, y eso te hace parte de la historia. Puedo decir que puse mi grano de arena para mejorar este lugar. Es mi aporte a la comunidad».

—Texto y fotos: Guido Piotrkowski