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Una pesadilla cotidiana

Más de un millón de personas circulan por día a través de los intrincados túneles del subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires. Y, para ellos, viajar no es precisamente un placer. La falta de mantenimiento y las frecuencias insuficientes forman parte del paisaje cotidiano. En hora pico, además, hacerse un lugar en los vagones atestados se vuelve una tarea virtualmente imposible. Sin embargo, los números del Gobierno de la Ciudad indican que la evolución de la cantidad de pasajeros descendió por primera vez en diez años: «Los servicios de subterráneos tienen hoy la peor frecuencia y trenes de más de 50 años, sin escaleras mecánicas ni seguridad», denuncian los sindicatos. En diciembre de 2019 vence la concesión –prorrogada por el Ejecutivo porteño– de la empresa Metrovías, que administra el subte desde 1994: 25 años en los que viajar se volvió, para millones de porteños y bonaerenses, una odisea cada vez más difícil.