Mundo | EE.UU. DESAFÍA A CHINA

Aterrizaje peligroso en Taiwán

El viaje de la titular de la Cámara Baja a la isla asiática eleva la tensión entre ambos países. La respuesta de Beijing. El impacto global de una provocación.

Nancy Pelosi. Junto a la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, este 2 de agosto. Tras 25 años, un alto funcionario de la Casa Blanca visitó el país asiático.

Foto: AFP/ Taiwan's Presidential Office

Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes (Diputados) de Estados Unidos, tercera en la línea de sucesión, estuvo menos de un día en Taiwán, pero fue suficiente para alterar en extremo los riesgos de un nuevo conflicto, aún no disipados. Thomas Friedman, que no es un neomaoísta ni simpatiza con ninguna izquierda, escribió en el diario The New York Times que Pelosi hacía «algo completamente imprudente, peligroso e irresponsable. Nada bueno saldrá de ello».
La semana pasada hablaron telefónicamente por más de una hora los líderes chino y estadounidense, Xi Jinping y Joe Biden, y el primero le advirtió al segundo, como ocurrió con muchos otros avisos, lo inconveniente del viaje. Desde fines del siglo pasado no pasaba algo así, cuando viajó a la capital taiwanesa, Taipei, el recordado Newt Gingrich, un regordete de flequillos canosos halcón republicano que ocupaba la silla que ahora entibia en el Capitolio Pelosi, demócrata. Pero las cosas cambiaron. China es hoy la segunda potencia mundial, reclama otra gobernanza global y no quiere más mojadas de oreja. Y algo que no necesita el mundo es una guerra más, con una ya abierta en el medio de Euroasia y otros conflictos.
La República Popular China reclama la soberanía en Taiwán, en lo que llama «una sola China». A Taiwán solo lo reconocen 14 estados del mundo. Uno solo en Sudamérica: Paraguay. Uno solo en Europa: el Vaticano.
Pelosi viajó a varios países del sudeste asiático y Asia Oriental y, sin que estuviera en su hoja de ruta, pasó 20 horas por Taipei entre el martes y el miércoles. En el diario The Washington Post escribió que ello no alteraba el principio de «una sola China» que EE.UU. dice compartir, sino que era un apoyo a la «vibrante democracia» taiwanesa y a su presidenta Tsai Ing-wen, con quien la dirigente estadounidense mantuvo un encuentro.
Tsai pertenece al Partido Progresista Democrático, independentista, cuyos gobiernos suelen tensar la cuerda con Beijing, a diferencia de cuando manda el Kuomintang, de cintura más flexible en las negociaciones con la República Popular China.
En ese mismo artículo del Post y en Taipei, Pelosi también dijo, como dice Biden, que en el mundo hay una lucha entre «democracias versus autocracias». Y repitió la letanía contra los chinos: que asesinan uigures, que reprimen tibetanos, etcétera. Si en los Gobiernos de George Bush hijo y de Donald Trump la batalla para frenar el ascenso chino, paralelo al declive de «Occidente», tenía color económico y tecnológico, con Biden quieren convencer al resto del mundo que hay además una guerra de valores y que hay que imponer los de E.EUU. por la fuerza, como hizo siempre, como busca hacer ahora con Rusia, con beligerancia. Desde hace cinco años los documentos estratégicos de «Defensa» estadounidenses apuntan a China y a Rusia como amenazas. Ahora Washington logró sumar a la OTAN a esa línea de acción. El peligro crece. Y con lo de Pelosi avanza casilleros.

Fuego cruzado
Las respuestas del Gobierno de Xi fueron las siguientes. Entre el jueves y viernes de esta semana, el Ejército Popular de Liberación (las Fuerzas Armadas chinas) harán «importantes ejercicios militares y actividades de entrenamiento», anunció la agencia oficial Xinhua. Incluyen simulacros con fuego real en áreas marítimas cerca de Taiwán y su espacio aéreo, por lo cual y por razones de seguridad se prohibirá el ingreso de embarcaciones y aeronaves. Se sabe: Estados Unidos está fuertemente pertrechado en la zona, lo cual abarca la presencia del portaaviones USS Ronald Reagan y el barco anfibio USS Tripoli, además de contar con países aliados que le sirven de plataforma, lo cual marca la peligrosidad del momento. China también sube sus gastos militares.
Las declaraciones oficiales tanto en Washington como en Beijing igualmente treparon en confrontación. La Cancillería china informó el martes que convocará a exigir explicaciones al embajador estadounidense en Beijing. Y acusó a Pelosi de «provocar y jugar con fuego». Por su parte, en Taiwán –donde sus 24 millones de habitantes no están mejor con la visita de tía Pelosi, pero sí más preocupados– hubo ejercicios de simulación en refugios nucleares y acusaciones a China. El secretario general de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, expresó, cuando el avión de Pelosi se acercaba a Taiwán y era monitoreado en tiempo real como un cometa que podría estallarse contra la Tierra, que «el mundo está a un error de cálculo de la aniquilación nuclear». ¿Hay que recordar que hubo conflagraciones mundiales por causas así?


Néstor Restivo