8 de julio de 2025
En Río de Janeiro, el bloque que lidera el sur global dio otro paso en la búsqueda de construir un nuevo orden internacional. El desafío de la unidad en un contexto mundial convulsionado.

Brasil. Saludo de los mandatarios en la apertura de la reunión, este domingo 6 de julio.
Foto: Agencia Brasil
Los BRICS ampliados (5 países originales más los invitados en 2024) hicieron su primera cumbre en Río de Janeiro. Allí discutieron y definieron cuestiones relevantes del tablero global y dieron otro paso en la necesidad de construir un mundo más equilibrado, con reglas de gobernanza global, sin hegemonismos ni guerras.
Parece utopía, pero hoy el sur global, donde los BRICS+ son vanguardia y heredan lo mejor de movimientos anteriores como los del Tercer Mundo y No Alineados, tienen mucho más poder para representar la voz de las mayorías.
El principal antecedente es Bandung, Indonesia, 1955. Pero es obvio que entonces los países de Asia (en particular, China e India, que lucieron a grandes estrategas como Zhou Enlai y Nehru, con sus principios de coexistencia pacífica), o de África y de Latinoamérica, no tenían el peso económico de hoy. Apenas salían de un estado de postración y sumisión colonial. En cambio, en el siglo XXI los BRICS+ superan al G7 en PBI y demografía y compiten por igual (de nuevo, China y la India como adelantados) en tecnología; también, o casi, en lo militar.
El temor del norte occidental, en declive por este auge del sur global, es palpable. Las agresiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus bravuconadas en torno al hegemonismo del dólar, las guerras que les arman en sus periferias a Rusia, China, India, con ataques ahora directos a miembros nuevos de los BRICS+ como Irán, las presiones de EE.UU. a Sudáfrica, etcétera, son síntomas del nerviosismo occidental por las voces que se atreven a cuestionar el (des)orden mundial, a reclamar otro mundo tras el agotado esquema post-1945.
Parte de ese dispositivo para minar la capacidad de los BRICS+ (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica, más los nuevos invitados: Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia) se da también en la batalla informativa y narrativa.
Las ausencias en la cumbre de Río de este fin de semana de líderes como el presidente chino, Xi Jinping, y su par ruso, Vladímir Putin, dispararon debates sobre la real capacidad de acción y compromiso de los países más poderosos del armado. Pero Xi ya estuvo en Brasil hace apenas ocho meses (y el presidente brasileño Lula da Silva, en Beijing hace dos), es el líder chino que más veces vino a Latinoamérica y argumentó problemas de agenda, más que reales si se considera el tamaño de su gestión local, regional y global. Viajó el muy activo primer ministro Li Keqian. De hecho, China y Brasil anunciaron en Río el inicio de obras ferroviarias para unir los puertos de Ilhéus, Bahía, con Chanchay en Perú, uno de los anuncios relevantes paralelos a la cumbre. Y en cuanto a Putin, tiene orden de captura internacional según tratados que Brasil firmó –por eso tampoco viajó a la anterior cumbre en Johannesburgo-, por lo cual mandó a Río un mensaje grabado. Se hizo gran alharaca con esas ausencias. No significan nada contra los BRICS+.
Desde ya que en el seno del grupo hay diferencias, entre Arabia Saudita e Irán, China e India, Brasil y Venezuela (país que quiso entrar cuando la Argentina de Milei se retiró por seguidismo ciego con EE.UU. e Israel, pero no tuvo apoyo brasileño). A su vez, Irán reclamó mayor dureza en el comunicado final contra el ataque israelí. Y la guerra de Rusia contra la OTAN en Ucrania enfrenta visiones disímiles. Pero si quieren convertirse en alternativa real al caos belicista que en su deriva propone el norte global, los BRICS deberán aprender a convivir con diferencias, armarse de paciencia a cada paso que dan y seguir juntando músculo para diseñar la nueva gobernanza global antes de que sea tarde.

Intercambio. Lula, uno de los principales referentes de los BRICS, expone ante sus pares.
Foto: Agencia Brasil
Equilibrios
A Río fueron invitados otros diez países «asociados»: Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y recientemente Vietnam. Son 44 los que han pedido ingresar. En rigor, como dijo Lula en Río, es toda la ONU la que debería cambiar radicalmente para ser operativa y sus mandatos, cumplidos.
Lula, además de lidiar con las «internas», reales o supuestas, en el seno de los BRICS+, también hace malabares con las líneas que chocan en Itamaraty (la poderosa cancillería, con una terminal histórica en Washington y otra más afín a un rumbo alternativo) y en la propia alianza de gobierno, que venció con lo justo al bolsonarismo en las últimas elecciones y que enfrenta otra complicada disputa general por la presidencia en 2026.
En ese contexto, la agenda BRICS+ que propuso Brasil en su mandato temporal actual tuvo que congeniar con denuncias contra la masacre en Gaza y reclamos contra el hegemonismo del dólar.
Sobre lo primero, el documento final decidió no usar la palabra genocidio, pero dejó en claro el repudio a los ataques de Israel. Y sobre lo segundo, tras las agresiones de Trump y los aranceles que impondría a quienes se metan con el dólar, Lula, con el respaldo de todos los demás, dijo: «No es correcto que un país del tamaño de EE.UU. amenace al mundo por internet. El mundo cambió. No queremos un emperador. Somos países soberanos».
Además de esos ejes, Brasil, con sumo equilibrio, buscó que BRICS+ debatiera posturas más afines a la discusión global y con otros actores con los que procura armonía, como el G20 o las cumbres COP sobre cambio climático. Por eso, las 6 prioridades estratégicas que propuso en Río fueron cooperación global en salud; comercio, inversión y finanzas; cambio climático; gobernanza de la inteligencia artificial; construcción de paz y seguridad; y desarrollo institucional.
En el encuentro, asimismo se presentó el recorrido que viene haciendo el Nuevo Banco de Desarrollo (de los BRICS, con sede en Shanghái y que lidera la expresidenta brasileña Dilma Rousseff) en créditos para el nuevo mundo.
Mientras siguen las guerras comerciales y las otras, las tensiones, los genocidios y las provocaciones en Asia Central y Oriente Medio, mientras la OTAN sigue armándose para su guerra, los BRICS+ deberán tener la suficiente fuerza y capacidad del acróbata para no caer en provocaciones, priorizar la unidad en el disenso y avanzar sin prisa pero sin retroceso para doblegar la fuerza declinante de quienes hicieron del mundo el panorama actual de destrucción, pobreza, desesperanza, antidemocracia, deterioro ambiental y amenaza de guerra nuclear.