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Los dueños del mundo

Finalizada la Cumbre del G20 se concretó, tal vez, el encuentro más esperado. En una reunión bilateral se vieron el presidente de los EstadosUnidos y el primer mandatario de la República Popular de China, Xi Jinping, al que muchos ni le conocen la cara, ya que los medios de comunicación se empeñan en enfocar a Donald Trump, como si China fuera un convidado de piedra.
El encuentro tuvo los habituales gestos protocolares, aunque las diferencias entre ambas potencias están a la vista. Para Estados Unidos, China sigue siendo la gran amenaza a su hegemonía global, como lo vienen señalando de manera explícita los funcionarios norteamericanos.
El 4 de octubre, el vicepresidente Mike Pence criticó duramente a China en todos los aspectos. No se privó de nada. Aludió a las políticas represivas hacia los budistas del Tibet, su apoyo a Venezuela, la condena a la construcción de un puerto en Sri Lanka y la «propaganda» de su radio y televisión en los canales estadounidenses, entre tantos otros temas.
Ambos mandatarios decidieron postergar hasta marzo su «guerra comercial» y acordaron no imponer nuevos aranceles adicionales en el comercio bilateral, que no los afecta solo a ello, ya que cada movimiento que hacen repercute en el resto del mundo.
Trump juega en el tablero internacional con la intención de tirar por la borda gran parte del legado de Barack Obama, incluyendo su relación con China.
Se podría pensar que los chinos tienen dificultades para lidiar con un presidente intempestivo e impredecible como Trump, siendo que ellos, desde hace 40 años, adoptaron un rumbo definido y no se apartan de él.
Pero como siempre, tienen tiempo.
Y están seguros de que también Donald Trump será recordado como apenas un accidente en la historia.