Mundo | ASALTO A LA EMBAJADA MEXICANA EN QUITO

Ni las dictaduras lo hicieron

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Ricardo Gotta

El Gobierno ecuatoriano vulneró el principio de inviolabilidad de las sedes diplomáticas. Violencia narco, mano dura de exportación y persecución al correísmo, entre las claves. Repudio global.

Por la fuerza. El exvicepresidente, Jorge Glas, secuestrado por la policía ecuatoriana tras la orden del presidente Noboa.

Foto: Getty Images

Nacido en Miami hace 36 años, hijo del mayor ricachón ecuatoriano, hizo lo que papá intentó cinco veces y no pudo: ser presidente de Ecuador. Eso no es nada. Daniel Roy Gilchrist Noboa Azín hizo lo que ni los más terribles dictadores latinoamericanos se animaron: invadir una embajada extranjera para secuestrar a un asilado. Asumió el 23 de noviembre pasado con la intención de no abandonar el Palacio de Carondelet en mayo de 2025 cuando acabe su mandato (en realidad, el del Guillermo Lasso). Este vienes 5 le ordenó a su ministra Mónica Palencia que envíe a la policía a la Av. 6 de Diciembre N36-165 de Quito, sede diplomática mexicana. El operativo fue violento: la policía derribó el portón, entró por la fuerza arrastrando funcionarios y secuestró en vehículos sin patente al exvice ecuatoriano Jorge Glas, a quien horas antes México le había concedido asilo político. 
Al amanecer, en un tanque de guerra, Glas era ingresado a La Roca (Centro de Privación de Libertad Guayas N°3), que desborda de bandas narcos. De allí rescataron hace un año a Fito (José Macías Villamar), líder de Los Choneros, una de las más peligrosas. Durante el fin de semana, Glas debió ser internado. Ni su abogada, Sonia Vera, pudo certificar que no haya sido envenenamiento (¿sobredosis de remedios?) o intento de suicido. Este martes, volvió a prisión.

Gabriela Rivadeneira. Para la exvicepresidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador, el país está devastado.

Foto: Lucas Vallorani / Prensa Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

Operativo e impactos
Es de manual. La derecha requiere de un enemigo. Así como en Argentina, CFK es el centro de toda acusación, Rafael Correa lo es en Ecuador. En un principio, Noboa –con escasa fuerza en la Legislatura– había acordado gobernabilidad con 51 diputados del correísmo. El romance duró un suspiro. La cruzada se acentuó ante un supuesto pacto correísta con El Patrón, Leandro Norero, un capo narco, para ayudar a Glas. Y, por consecuencia, los dardos llegaron al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, luego de brindarle protección a Glas en la embajada mexicana en Quito. Se sucedieron mensajes picantes, hasta que la semana pasada AMLO se refirió a Noboa como el candidato que capitalizó políticamente el asesinato de Fernando Villavicencio, otro de los postulantes a la presidencia de las elecciones de octubre y feroz crítico del correísmo.
La piedra impactó. Ecuador expulsó a la embajadora Raquel Serur Smeke. Roberto Canseco quedó a cargo: fue él quien anunció el asilo político al exvice y solicitó el salvoconducto para que viajara. «Esto es la barbarie», exclamó Canseco tras ser apaleado mientras raptaban a Glas. 
El operativo fue conducido por la ministra del Interior, Mónica Rosa Irene Palencia. Nació en Durango, México. Trabajó para Álvaro Noboa como abogada pero no existe registro oficial de su título. Para ser funcionaria requería la nacionalidad local. El pedido ingresó el 20 de noviembre de 2023, se lo dieron a los tres días: ese 23 de noviembre asumió Noboa y ella juró como ministra. Este viernes frunció sus tupidas cejas y acató sin hesitar la orden presidencial.
¿Por qué Noboa ejecutó la controversial operación que le valió un repudio generalizado? ¿Influyó el desborde de inseguridad carcelaria de enero, que golpeó a su flamante Gobierno? En diálogo con Acción, la dirigente correísta Gabriela Rivadeneira, expresidenta de la Asamblea Nacional, exiliada en México en 2019 tras pasar un lapso en la misma embajada del escándalo, señala: «Crisis carcelaria, de inseguridad, económica, de migración. Un Ecuador devastado. Noboa ofreció varios planes en campaña, como el Fénix, de seguridad inmediata, una idea que imita al bukelismo: pues no logra tapar su ineficiencia». 

Conflicto abierto
«No vivimos un Estado de derecho, sino uno de barbarie, con un improvisado que confunde la patria con una de sus haciendas bananeras», acusó Correa. Luego, Noboa justificó el affaire de la embajada: «La justicia no se negocia». Al mismo tiempo, adujo la persistencia de un «conflicto armado interno» y prolongó el «estado de militarización».
Rivadeneira insiste: «Es una persona totalmente improvisada y falto de conocimiento para gobernar un país. Quien cogobierna con él es el Departamento del Estado de Estados Unidos. Noboa no mueve un solo dedo si no es con su venia». Y pone en entredicho el referéndum del domingo 21 con el que el Gobierno busca abrirse camino para una profunda reforma de seguridad y migratoria, y a la vez, una reforma constitucional solapada. 
La exdiputada mira hacia adelante sobre el conflicto abierto con México: «Un acto sin precedente. No pasó siquiera en época de dictadura. López Obrador lo ha dicho: ni Pinochet se atrevió a tanto. Y que además, en esa época, en Argentina y en Chile, fue México que acogió a centenas en el exilio». Casi con alivio, agrega: «Respeto la inteligencia y la sabiduría de AMLO. Actuó sin exacerbar. No tomó medidas en caliente. Otro, con lo que se hizo, redactaba una declaración de guerra». 
Lo que sí hizo AMLO fue romper relaciones diplomáticas: retiró el personal diplomático –arribó el domingo a México– y activó servicios consulares en Colombia por si lo requieren los 1.600 ciudadanos y empresarios mexicanos radicados en Ecuador. Su canciller, Alicia Bárcena, anunció que procederán jurídicamente ante la Corte Internacional de Justicia y ante la ONU.
Por su lado, la CELAC convocó a una cumbre para este viernes 12. Tratará cómo Ecuador violó lo resuelto en la Convención de Viena de 1961 (art. 22): «Los locales de la misión diplomática de un país son inviolables (…). Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión». Ante eso, este martes, en la OEA, el actual vicecanciller de Ecuador, Alejandro Dávalos (excorreísta), acusó a AMLO de «fomentar la impunidad». La reacción de ese organismo, el sábado de la invasión, fue mesurada pese a la gravedad del hecho: lo calificó de «improcedente» y convocó a «dialogar en paz». 
El asalto a la embajada mexicana en Quito pude sentar un peligroso precedente, con Ecuador desafiando el derecho internacional. Casualmente o no, es el país que en abril de 2019 permitió que la policía británica ingresara a su embajada en Londres para arrestar a Julián Assange, el enemigo número 1 de Estados Unidos.

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