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Primera ministra

Marin. Reunión del flamante Gabinete. (Nukari/Lehtikuval/AFP/Dachary)

La designación de la socialdemócrata Sanna Marin como primera ministra logró revitalizar la alianza de centroizquierda que gobierna Finlandia y, sobre todo, desactivar una crisis interna de desarrollo imprevisible. Marin, convertida en la mujer más joven en la historia del país y del mundo en asumir este cargo (tiene 34 años), fue investida de apuro por la renuncia forzada de Antti Rinne, quien perdió apoyo del ala centro de la coalición. La causa de la dimisión de Rinne se vincula con que gestionó de modo deficiente el conflicto laboral entre la empresa estatal Posti y los sindicatos, agravado con el llamado a una huelga de más de dos semanas. «Tenemos que hacer lo que hemos acordado en el programa de gobierno», dijo Marin luego de asumir, en señal de apoyo a las bases progresistas del plan pautado entre las cinco fuerzas que componen la alianza, orientado a mayor inversión en salud, educación, jubilaciones y prestaciones sociales. No parece menor la tarea que le espera a la flamante ministra: debe sostener la unidad de la coalición y evitar nuevos conflictos con el Partido de Centro, decisivo para la salida de Rinne al amenazar con dar respaldo a una moción de censura promovida por la oposición que, de haberse aprobado, habría desembocado en la convocatoria a nuevas elecciones. El escenario político dista de ser favorable para el Gobierno teniendo cuenta el avance de los conservadores y, fundamentalmente, de los ultraderechistas Verdaderos Finlandeses.