Mundo | ANARELLA VÉLEZ OSEJO

Saberes contra el neoliberalismo

Ministra de las Culturas de Honduras, reivindica las enseñanzas de la historia para producir cambios palpables en un país que camina hacía su refundación. 

Foto: Jorge Aloy

La llegada de Xiomara Castro a la presidencia de Honduras trajo renovadas esperanzas para esa nación centroamericana, no solo por ser la primera presidenta mujer en la historia de ese país, sino por proponer desbaratar las políticas neoliberales, corruptas y vinculadas al narcotráfico que se aplicaron a partir del 28 de junio de 2009, cuando se realizó el golpe de Estado a su esposo y entonces presidente, José Manuel Zelaya.
La interrupción del orden constitucional hace trece años en Honduras fue el puntapié inicial de los llamados «golpes blandos» en toda América Latina y parió una resistencia que, con más aciertos que errores, logró, tras varios fraudes electorales, ubicar a Xiomara Castro en el Palacio José Cecilio del Valle.
A casi un año de la asunción de Castro, su administración impulsa un programa de transformaciones políticas, económicas, culturales y de relaciones exteriores inéditas en la patria que vio nacer a Francisco Morazán (prócer independentista que abogó por la unidad centroamericana); por ello el lanzamiento del «Plan Bicentenario», alusivo a los 200 años de la independencia; el rescate de las culturas, las batallas pasadas y el porvenir desde la óptica cultural, que son aspectos centrales para el Gobierno hondureño. En ese sentido, una de las primeras acciones que tomo Castro al asumir la presidencia de la Nación fue designar a Anarella Vélez Osejo, una reconocida historiadora, como ministra de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos, quien a lo largo de la entrevista que mantuvo con Acción, en el CCC Floreal Gorini, aseguró: «Luchamos desde una mirada antipatriarcal, feminista y revolucionaria».
La revalorización de tradiciones y culturas ancestrales, el legado de los patriotas de Nuestra América por la unidad continental, la tarea de desmontar narrativas coloniales y patriarcales son algunos de los objetivos centrales del Ministerio que encabeza Vélez Osejo. La titular de la cartera de las Culturas cree que hay un cambio de época que permite ser optimista al afirmar: «El triunfo de Xiomara, que es hoy la única mujer presidenta de la región, provocó una fisura que desafía a la cultura patriarcal en Honduras, un país que ha sido y es machista. Doscientos años después de gobiernos de hombres, elegimos una mujer presidenta que tiene claro el rumbo».
–¿Qué dificultades presenta ese rumbo?
–Nosotros sufrimos el primer golpe de Estado por parte del Imperio al estilo del siglo XXI: el de organizar golpes de Estado sin la participación de las fuerzas militares y utilizando y manipulando el ámbito jurídico. Con el derrocamiento de Zelaya se inauguró una época nefasta para nuestro país. Se instaló, en Honduras, el tiempo de narcodictadores vinculados con el tráfico de drogas de América Latina. Dado los componentes de ese nuevo ejercicio de la política, para el Imperio se vuelve mucho más sencillo manejar a estas personalidades que no tienen adhesión a la tierra, a la patria. Creo que ellos conciben nuestra tierra, y a nuestros países, más como un mercado. Por eso, y en un escenario de alta complejidad, nuestro Gobierno busca revertir el daño que han dejado con el «Plan Bicentenario». Un plan que toca temas que nunca se abordaron de forma tan precisa, como el lugar que ocupa la cultura, la relación entre el Gobierno y las culturas de los pueblos indígenas y afrodescendientes, el medioambiente, a los que debemos agregar pilares de gobierno fundamentados en la transparencia y la lucha contra la corrupción. Porque nuestro pueblo sufrió un gobierno que se catalogó como el más corrupto de América Latina, que fue el de Juan Orlando Hernández (JOH). 
–Después del golpe de 2009, y a la luz de lo que viene ocurriendo en la región, ¿no teme que pueda repetirse la historia?
–Nosotros tenemos un aliado en el interior del Gobierno, el expresidente Zelaya, que es asesor de la presidenta. Sabe porque las vivió, las causas del golpe de Estado. Sabe lo que no podemos repetir, sabe cómo tenemos que trabajar para no dar argumentos a la derecha relativos a la falta de transparencia o vinculados con la corrupción. Si existen impedimentos legales para adoptar políticas públicas en favor de nuestro pueblo, sabemos que esas leyes tenemos que cambiarlas. Por otra parte, y tras el fraude electoral en 2013 y 2017, esta vez, y gracias al conjunto de compañeras y compañeros que conformamos la dirección nacional del partido LIBRE, se ideó una política eficaz para revertir el golpe de Estado de 2009, de manera pacífica y en las urnas. La juventud hizo una lectura maravillosa de la situación en la que estábamos, al asumir una posición en contra de la dictadura, en contra del narcotráfico, en contra del Imperio y su manipulación de la historia. Con ese rol que desempeñaron los jóvenes, y a la hora de ir a las urnas, en 2021, se logró una participación masiva como nunca se vio en la historia hondureña, para que casi 1.500.000 habitantes eligieran a Xiomara.
–En una región en la que crecen las ideas de derecha, y que en muchos casos convoca a los jóvenes, el caso de Honduras parecería ir en la dirección contraria
–Es curioso. En todo el mundo, los medios de comunicación alternativos como Facebook, Twitter, Tik tok, o Instragram, han servido para alienar a la juventud. Pero en nuestro país, por eso digo que es curioso, ha servido para lo contrario. Hemos creado redes de comunicación entre la gente joven. Son las y los hijos del golpe que generaron mecanismos de comunicación hacia la juventud con muy buenos resultados. ¿Cuáles? Reunir a gente muy consciente de la necesidad de comprometernos con la transformación, pero además consciente de que estamos en un momento de la humanidad que, como dijo la activista ambientalista Berta Cáceres, «ya no tiene tiempo». 
–¿Qué aportes cree que se pueden hacer desde el Ministerio que preside?
–Imprimirle una narrativa descolonial, antipatriarcal, antiextractivista, anticapitalista y antimperialista. Desde esa base desarrollamos propuestas que van en la línea de deconstuir dispositivos que han impedido, a lo largo de la historia, el desarrollo de las mujeres, de la juventud y de la niñez. Por eso estamos trabajando con el Ministerio de Educación y con el Ministerio de Planificación para volver a las raíces, a los saberes de nuestros ancestros. De Francisco Morazán y Josefa Larastiri, héroes de la región centroamericana que impulsaron la unidad y que lucharon por una Centroamérica fuerte, sólida, democrática, con una propuesta que para la época fue revolucionaria. Nosotros también somos revolucionarios, pero del siglo XXI.
–¿Y qué significa hoy ser un revolucionario del siglo XXI?
–Sabemos que la democracia que quiso Francisco Morazán no es la democracia que hoy queremos. Hoy creemos en una democracia participativa en la que los excluidos dejen de serlo. Debemos ubicar esa mirada en nuestra época que nos demanda pensar en la inclusión, combatir las desigualdades. En mi caso, que formo parte de un Gobierno, promover políticas culturales que retomen los saberes de nuestros pueblos ancestrales. Y también las batallas de nuestras naciones que no han culminado y estamos a tiempo de retomarlas.


Pablo Provitilo