Opinión

Cora Giordana

Periodista

Abrir la puerta a todas las voces

Basta con realizar un breve recorrido por los principales medios nacionales, escritos, radiales o audiovisuales: la mayoría de varones en puestos de importancia (conductores en horarios centrales, columnistas de peso, jefes de redacción, jefes de sección) es algo que se evidencia a simple vista. Pero también hay números que lo respaldan. Una investigación realizada en 2018 por la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad en la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS) en la ciudad de Córdoba arrojó los siguientes resultados: el 78% de las empresas de medios está dirigida por varones, como así también el 70% de los sindicatos de prensa. Apenas el 30% de las personas que trabajan en empresas periodísticas son mujeres, mientras que, paradójicamente, ellas constituyen una amplia mayoría entre quienes estudian comunicación: un 64%. En este escenario, una ley como la de equidad en la representación de los géneros en los medios, recientemente sancionada por el Parlamento argentino, busca desandar años de desigualdad estructural en una de las herramientas fundamentales de la democracia: el lugar de la voz pública, desde donde se expresan visiones del mundo, los espacios en los que se construye sentido.
En los últimos tiempos, gracias a la vitalidad del movimiento feminista argentino y a su capacidad de incidir en las políticas públicas, se han dado grandes avances: ley de matrimonio igualitario, ley de identidad de género, ley de prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres y la más reciente ley de interrupción voluntaria del embarazo. Mojones ineludibles en un camino hacia la ampliación de derechos y la reparación de siglos de opresión, discriminación y violencia. Sin embargo, son numerosos los ámbitos tradicionalmente masculinizados, como el de la prensa, que se resisten a adecuarse a una realidad que, gracias a las luchas de ayer y hoy, está mostrando algunos saludables signos de cambio. El espíritu de esta nueva normativa, de hecho, es de avanzada respecto a otras leyes similares: contempla la cuestión del género en un sentido amplio, no binario. Tal como indica su artículo 3º, se busca la equidad en la representación de los géneros desde una perspectiva de diversidad sexual, apuntando a la igualdad real de derechos, oportunidades y trato de las personas, sin importar su identidad autopercibida u orientación sexual. Y especifica que los medios públicos estarán obligados a tener una representación de personas transexuales, travestis, transgéneros e intersex en una proporción no inferior al 1% de la totalidad de su personal. Así, se ensambla con la media sanción, dada casi al mismo tiempo, de la ley de cupo laboral trans: la inclusión de un colectivo cuya participación en el ámbito del trabajo formal es escasa y en los grandes medios es casi nula, con la, hasta el momento, única excepción de la periodista de la TV Pública Diana Zurco, primera persona trans de la Argentina en conducir un noticiero en horario central.
Para los medios privados, en tanto, se establece un régimen de promoción: se los invitará a demostrar avances en la igualdad de géneros para así obtener, entre otras cosas, preferencia en el otorgamiento de pauta oficial. Este punto despertó suspicacias entre la prensa hegemónica, siempre reacia a los intentos de regular su accionar. Sin embargo, según se desprende del texto de la ley, la misma no busca cercenar la libertad de expresión (tal fue el argumento esgrimido por las organizaciones que nuclean a los grandes medios y por algunos de los legisladores que votaron en contra) sino que apunta a avanzar hacia una mayor sensibilización sobre temas de género, a establecer políticas que faciliten las tareas de cuidado de personas con hijos e hijas o la promoción del lenguaje inclusivo. Incentivar la diversidad de voces es todo lo contrario a censurar.
Luego de esta nueva conquista, vienen otros interrogantes: ¿Qué roles atribuyen los grandes medios a las identidades feminizadas? ¿Qué lugar ocupan las indígenas o quienes tienen cuerpos no hegemónicos, las racializadas, las que tienen alguna discapacidad? ¿De qué manera se tratan los temas de género? Evidentemente, este un camino que recién comienza

Rolando Andrade Stracuzzi