Opinión

Iván Bilyk

Economista

Alquileres, el rol del Estado

No es novedad que la condición de inquilino muchas veces resulta angustiante. La alegría de cumplir los requisitos solicitados para obtener las llaves se diluye a medida que transcurre el período pautado y se acerca el momento de renovar el contrato. Esta secuencia no es exclusiva de las grandes ciudades argentinas, sino que se repite con sus particularidades a lo largo del mundo; desde Sydney hasta Santiago de Chile. La gravedad del problema implicó que organismos como el Banco Mundial cataloguen a la escasez de vivienda como una crisis internacional. Pero, ¿cómo se llegó a este punto? Entre sus causas comunes se encuentran la concentración de la población y la falta de planificación urbana, en combinación con una oferta de viviendas que –como la mayor parte de los bienes– responde al principio de maximización de la renta. En respuesta, está surgiendo lo que parece ser un nuevo consenso internacional, en el cual tanto Gobiernos clasificados como «de derecha» o «de izquierda» acuden a un variado menú de medidas con el fin de atender a una población que intensifica sus reclamos. Entre los ejemplos, se puede mencionar la mayor carga impositiva para las viviendas que se encuentren deshabitadas, vigente en Montevideo y urbes de Australia, Canadá o Estados Unidos. Incluso en Barcelona el Estado está habilitado a comprar estas residencias pagando solo el 50% de su valor. Recientemente, París triplicó sus impuestos para aquellos que poseen una segunda vivienda. En complemento, se han multiplicado globalmente las inversiones públicas en infraestructura, viviendas sociales, subsidios e incentivos para una mejor distribución de la población a lo largo de los territorios nacionales. Los beneficios de estas políticas varían en los distintos municipios, pero la conclusión es la misma: con el mercado no alcanza.