Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Armas sin control

La decisión de premiar al canciller de México, Marcelo Ebrard, y al Gobierno de López Obrador por una demanda iniciada para controlar el flujo de armas hacia su país es la mejor prueba de que en los Estados Unidos reina el caos respecto del control de armas y que ningún Gobierno se anima a enfrentar a los lobbies de quienes las fabrican y distribuyen. La Asociación de Control de Armas de EE.UU. es una ONG que premia a quienes buscan limitar el uso indiscriminado de las armas y denuncia la proliferación del armamento nuclear. Ebrard fue premiado por las acciones legales en los tribunales de Massachusetts contra 11 empresas fabricantes por su responsabilidad en el comercio de armas, conscientes de que muchas de ellas llegan a los cárteles de la droga en México.
El tema de las armas hace tiempo que excede la cantidad de masacres perpetradas en EE.UU. y la imposibilidad de los Gobiernos demócratas de ponerle límite a su uso a mansalva. México es uno de los que más lo sufre. Varios presidentes mexicanos han denunciado en el pasado que las poderosas armas que utilizan los grupos de narcos provienen de la frontera norte y que las famosas patrullas son incapaces de controlarla. Para decirlo de manera clara: la frontera entre Estados Unidos y México es un verdadero colador. Se calcula que medio millón de armas van anualmente hacia el sur mientras toneladas de estupefacientes van hacia el norte, ya que EE.UU. está entre los principales consumidores de cocaína del mundo. Cuesta creer que nadie sea capaz de ponerle el cascabel al gato; o son todos unos inútiles o son cómplices a ambos lados de la frontera.
El caso que impulsa Ebrard es un primer paso para evitar que se sigan lavando las manos quienes fabrican armas y, luego, miran hacia otro lado cuando hay víctimas.

Mensaje. El canciller Marcelo Ebrard, en una conferencia realizada en la Secretaria de Relaciones Exteriores de México, en octubre.

AFP/DACHARY