Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Derivas chilenas

El Gobierno de Sebastián Piñera está tan perdido y a la deriva que en Chile se comenta que el Palacio de La Moneda está vacío. Ya nadie está dispuesto a recibir los cachetazos que la realidad les propina una y otra vez desde la revuelta popular de octubre 2019.
Las elecciones municipales significaron otra derrota política para la coalición de partidos de derecha que gobierna, ya que apenas lograron una sola gobernación de las 16 regiones del país. Si bien es cierto que el promedio de votación fue bajísimo y en algunas localidades ni siquiera alcanzó el 20%, no es menos cierto que son justamente los partidos de derecha los que rechazan el voto obligatorio, convencidos de que esto los beneficia porque los sectores populares serían más reacios en acudir a las urnas. La reciente restitución del voto obligatorio en la Cámara de Diputados es otra muestra del desconcierto que reina en la clase dirigente desde octubre 2019. Tampoco sus intelectuales orgánicos logran comprender el cuestionamiento general a un régimen político que parecía tan sólido, y que incluso contaba con el aval de la llamada Concertación, formada por la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y unas fuerzas menores.
La elección en la región metropolitana de la capital Santiago fue la «madre de todas las batallas» de las gobernaciones y allí también la derecha quedó afuera, ya que en la segunda vuelta Claudio Orrego, de la Democracia Cristiana, venció por escasa diferencia a Karina Oliva, que representa el espíritu de la revuelta de 2019.
La derecha chilena tiene hasta las presidenciales de noviembre para encontrar un candidato aunque parece un barco a la deriva sin capitán. Mientras, la antigua Concertación –que logró recuperar aire con buenos resultados en las municipales– y la izquierda sueñan con dar el batacazo en noviembre.