Opinión | A fondo

Efecto pinza

Exportaciones. Al eliminar el cupo, el trigo y la carne elevaron sus precios a valor internacional. (Gerónimo Molina)

 

Apartir de los negativos resultados de la política económica para los sectores populares, el relato del gobierno se ha basado en la «pesada herencia», caracterizada como «un auto sin ruedas ni motor» o «la bomba recibida», una errónea aseveración para una economía con el 2,1% de crecimiento del PIB, desocupación del 5,9%, deuda externa pública del 13% del PIB e inflación en descenso. Completando su discurso, el gobierno sostiene la necesidad de «sincerar» o «normalizar» aquellos males recibidos que generan los altos costos sociales, reconocidos a fuerza de la realidad y por la boca del propio presidente de la Nación: «El sinceramiento de muchas cosas hace que estos problemas, en algún punto, le hayan complicado más la vida a la gente».
Las políticas del gobierno fueron generando un «efecto pinza» sobre los ingresos de los trabajadores y los perceptores de ingresos fijos. Veamos de qué se trata.
La devaluación generó el consiguiente aumento de los precios, como siempre ha sucedido en la economía argentina. Se dijo en campaña que los precios ya tenían incorporado el valor del dólar ilegal (unos $15), una tesis que el IPC CABA que midió el 40,5% de inflación anual en abril de 2016 se empecinó en contrariar.
La eliminación de las retenciones a los alimentos elevó su precio en dólares, encareciendo aún más la mesa de los argentinos, a la vez que incrementaba la ganancia de los grandes grupos exportadores.
Bajo el relato de los beneficios del libre mercado se tomaron muchas medidas. Por ejemplo, se eliminaron los cupos para las exportaciones de los bienes con demanda interna (trigo, carne), lo cual llevó los precios al valor internacional, con aumentos que restringieron el consumo interno, pero elevaron las exportaciones.  
La disparada de las tarifas de servicios públicos impactó brutalmente sobre el bolsillo del consumidor y, principalmente, sobre los costos de producción, llevando al filo del barranco a gran cantidad de pymes, cooperativas de trabajo, empresas recuperadas, clubes de barrio y teatros, entre otros tantos. Sus costos en términos de enfriamiento de la actividad económica y de reducción del bienestar social no se han podido evaluar aún en toda su magnitud. Nuevamente el relato «lo pensamos mucho pero no había otra solución posible» fue arrasado por la realidad, que llevó al gobierno a tomar medidas para reducir los aumentos, aunque solo ponen paños fríos.
Se aprobó la ley de devolución del IVA a jubilados y perceptores de planes sociales, pero con un máximo de $300 mensuales y a través de compras con tarjetas, lo cual puede perjudicar a los pequeños comercios.
En el caso del aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, este terminó beneficiando a los trabajadores de rentas altas, pero sumando a 110.000 jubilados y 220.000 trabajadores de salario medio bajo, cifra que irá en aumento en la medida que se vayan concretando nuevos acuerdos paritarios.
El combate a la inflación es un eje esencial que contrarió las expectativas del gobierno, que pueden resumirse en un comentario de la vicepresidenta de la Nación: «Creíamos que iba a haber mayor acompañamiento de los sectores de mayor poder económico. Me hubiera gustado que se jueguen con el tema precios, con la inversión». La estrategia antiinflacionaria pasó entonces por fomentar acuerdos paritarios cercanos al 20%, más una política monetaria que definió una alta tasa de interés de las letras del BCRA (Lebacs) de corto plazo hasta tanto no bajara la inflación. Estos altos rendimientos para los inversores arrastraron a las tasas por préstamos, generando elevados costos a los empresarios y consumidores, y un gran freno en los créditos otorgados por el sistema.
En definitiva, el efecto pinza sobre el consumo popular resultante de fuertes aumentos de precios y tarifas, junto con salarios que recuperaron con retraso (y algunos solo en parte), el poder adquisitivo perdido, permite avizorar que la principal herramienta para bajar la inflación resulta ser el enfriamiento de la economía.