Opinión

Jorge Vilas

Periodista

El apagón

Tiempo de lectura: ...
Foto: Getty

El miércoles 20 por la noche, miles de televidentes todavía estaban en shock tras los anuncios gubernamentales que terminan con décadas de legislación argentina y barren con buena parte de los derechos sociales, laborales, de salud y económicos adquiridos por la sociedad. Todo condensado en un video de unos pocos minutos en los que el presidente de la Nación leyó un texto sin levantar la vista del papel y rodeado de sus ministros y ministras y personajes sin cargo en el Gobierno, como el creador del megacanje durante la fallida gestión de Fernando de la Rúa, Federico Sturzenegger, transmitido por todas las señales de noticias del país.
Finalizada la alocución, unos cuantos de esos miles salieron a las calles de la Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, localidades del Conurbano bonaerense, entre otros puntos, a manifestar su repudio a lo anunciado.
En ese momento comenzó el apagón. Esta vez Edesur y Edenor, expertos en apagones, no tuvieron responsabilidad alguna. Fue un apagón informativo. Los que salieron a la calle generaron un hecho político de envergadura: el rechazo al paquetazo inicial de medidas de un Gobierno que se cree destinado a transformar el país imponiendo la libertad según un criterio en el que la libertad del poderoso se impone sobre la libertad del débil, que queda condenado a ser libre de privarse de los más elementales derechos. Y lo va a intentar. Tal como lo planteó en la campaña electoral, aunque virando el destinatario. Antes de las elecciones, todos los cañones libertarios apuntaban a la «casta política». Ya en la Casa Rosada, esos mismos cañones apuntan a trabajadores, jubilados, pymes, estudiantes, desocupados, clases medias, en definitiva, a una «casta» que comprende a las grandes mayorías que serán las que pagarán el costo de la «libertad». El propio presidente, para que no queden dudas, se rodeó en el anuncio de conspicuos representantes de la rancia casta política de la derecha argentina, con espaldas dobladas por fracasos en distintas gestiones: el mencionado Sturzenegger, Patricia Bullrich –veterana de mil batallas y con sangre en su currículum–, Guillermo Francos, Luis Petri, el endeudador serial Luis Caputo, y otros.
Lo cierto es que el «periodismo independiente» eligió darle la espalda –una vez más– a un hecho que sin ninguna duda cumplía todas las condiciones para ser noticia: miles de ciudadanas y ciudadanos protestando espontáneamente tras el breve video de Milei. Una masiva manifestación de rechazo a un Gobierno con apenas diez días de gestión. Un hecho inédito quizás. Sin embargo, con la excepción de C5N, que acompañó el análisis de las medidas con una cobertura amplia de las manifestaciones, el resto de las señales las ignoraron completamente. Ni una imagen se filtró en esas pantallas en la noche del 20 de diciembre. ¿El derecho a la información? ¿Alguien sabe algo acerca de su paradero? Los dueños de los medios eligen, según sus intereses económicos y políticos, hacia dónde apuntan las cámaras y micrófonos. El interés empresario prima por sobre un derecho de la sociedad que es avasallado a diario desde que los medios de comunicación más poderosos se convirtieron en meros agentes de propaganda. Y sus más connotados periodistas, que en otros contextos fungían como celosos custodios de la república, no solo avalaban el atropello legislativo del mega DNU, sino que no se molestaban en mencionar las multitudinarias columnas que hacían sentir su descontento.
El contexto, tras el cuasi golpe institucional de Milei contra el Congreso Nacional, invita a pensar que esta situación tenderá a profundizarse y que serán los y las ciudadanas quienes deberán intentar romper el cerco informativo. Los números de audiencia muestran que el interés por lo que estaba ocurriendo esa noche era mucho, pero se vio defraudado por la manipulación manifiesta de estos canales.
Los manipuladores tienen por delante una tarea complicada. Porque al día siguiente, otra vez, miles de personas se congregaron en plazas y calles de todo el país en rechazo al DNU, con grandes multitudes en Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba, entre otras ciudades. En reparticiones públicas se suceden asambleas y manifestaciones. Los ferroviarios se hicieron oír en la estación Constitución. El próximo miércoles se realizará una marcha a Tribunales impulsada por las centrales de trabajadores. ¿Serán muchas las cámaras y micrófonos que darán la espalda a lo que comienza a ocurrir? El rechazo al atropello a la democracia que intenta llevar adelante el Gobierno de Javier Milei comenzó, aunque es probable que no sea televisado..

Estás leyendo:

Opinión | Jorge Vilas

El apagón

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.