Opinión

Pedro Brieger

Periodista

El nuevo Chile

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La «megaelección» del 15 y 16 de mayo es la continuidad directa del estallido social de octubre 2019 y ha dejado contra las cuerdas al Gobierno de Sebastián Piñera. Los partidos de derecha –que participaron de manera unificada– apostaban a obtener un mínimo de un tercio de constituyentes para redactar la nueva Constitución en el plazo de un año. Ese piso debía garantizarles que no pudieran remover las bases del cuestionado orden institucional heredado de la dictadura. Sin embargo, la derecha chilena no sale de su asombro porque los sectores agrupados en Vamos por Chile obtuvieron el 20,6% de los votos. Detrás se ubicó la coalición del Partido Comunista y el Frente Amplio que obtuvo el 18,73%, y más lejos la ex-Concertación conformada por la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y fuerzas menores con apenas el 14,47%.
El aspecto más notable fue la alta elección de candidaturas independientes que también fueron las grandes triunfadoras en los comicios de jefes comunales. El Partido Comunista, pese a la constante demonización de sus dirigentes, se fortaleció con la reelección de Daniel Jadue en la alcaldía de Recoleta que lo catapulta como candidato para la elección presidencial del próximo 21 de noviembre. Además, logró elegir en la comuna de Santiago, el corazón de Chile, a una joven de 30 años, Irací Hassler, que será la primera alcaldesa comunista del antiguo bastión del conservadurismo. 
El estallido social de 2019 marcó el ritmo del proceso político chileno de cara a esta elección de la Convención Constituyente pese a la voluntad del Gobierno de Piñera por impedirla.
Lo que la derecha en el poder no supo comprender es que la protesta por el aumento de 30 pesos del boleto del metro se transformó en la revuelta por la necesidad de un cambio estructural, tras los 30 años de gobierno de los dos grandes bloques, para dar paso a un nuevo Chile.

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