Opinión

Ezequiel Fernández Moores

Periodista

El VAR no juega solo

«Las buenas noticias –dice una vieja frase en el periodismo– no son noticias» (En inglés, Good news is no news). No son noticia los 199.999 vuelos que todos los días llegan a destino. Es noticia el único de esos doscientos mil vuelos que cayó. Algo parecido podría pasarnos con el VAR. No hay debate cuando acierta (casi el 97%). Pero sí hay escándalo cuando falla. Y más aún cuando esa supuesta falla afecta a Boca (contra Atlético Mineiro en la Libertadores pasada) o River (contra Vélez en la Libertadores actual).
No obstante ese elevado porcentaje de acierto, nunca me gustó el VAR. Uno de los costados que siempre me fascinaron del fútbol fue su resistencia al cambio, cuando el cambio parecía impuesto por el dinero o una cierta modernidad. Otros deportes, menos populares, acortaron tiempos y cambiaron reglamentaciones para adaptarse a las exigencias que le imponía la TV, primero socia del negocio, luego casi dueña de todo. No sucedía eso con el fútbol, que nos obligó siempre a soportar 89 minutos muchas veces insoportables, pero conscientes de que el minuto restante podía justificar todo. Inclusive un gol injusto, porque se producía en el único ataque de un equipo avaro. Y hasta ilícito. Porque la repetición a cámara lenta de la TV desnudaba luego una falta que era imperceptible para el ojo humano. Me agradó siempre esa cierta salvajería del fútbol como trinchera última de la resistencia.
El problema fue cuando los errores más groseros pasaron a ser amplificados por la tecnología. Cuando tanta injusticia pasó a convertirse en sospecha. Porque el error favorecía además casi siempre al poderoso (y cuando el poderoso era el perjudicado no era para beneficiar al débil, sino para ayudar indirectamente a otro más poderoso). El VAR, entonces, pareció ser el castigo (lamentable) que se merecía el propio fútbol. El problema fue que un discurso generalizado pretendió imponer al VAR justicia perfecta. Como si la tecnología actuara sola, y no impulsada por un hombre o una mujer. Calificado sí, pero humano. ¿Por qué esta mano sí, y esta otra no si ambas fueron casi iguales? ¿Por qué en el algunas jugadas claramente polémicas el árbitro VAR no dice ni mú y en otras cita al árbitro de campo y le exhibe 43 veces la acción hasta que por fin lo «convence» de que el gol debe ser anulado?
La FIFA anuncia ahora un VAR mejorado, animación en 3D, para el Mundial de Qatar. Como ironizó el colega Santiago Segurola: atenti los jugadores narigones. «La longitud de la napia amenaza con dejarlos en offside».

Revisión. El árbitro Roberto Tobar analiza una jugada clave del encuentro entre River y Vélez, por octavos de final de la Copa Libertadores.

MANUEL CORTINA/SPOTLIGHT IMAGES