Opinión

Alberto López Girondo

Periodista

Explosión y esquirlas

Tras diez años de una quimera en torno de la Convertibilidad que previsiblemente estaba destinada a fracasar, el 20 de diciembre de 2001 nació otra Argentina. Aquella aventura duró más de lo que razonablemente podía haberse pensado, así como también dejó heridas y cicatrices demasiado profundas en el tejido social. Esa Argentina nacida al calor del «que se vayan todos» generó un proceso virtuoso que pudo remontar vuelo con políticas más favorables para el hombre de a pie y no para los mercados. Y encontró eco en otros Gobiernos de la región que empujaron, con sus diferencias, hacia un mismo lado; a sabiendas de que nadie se salva solo. Nunca es bueno analizar la situación interna sin tomar en cuenta lo que sucede en el mundo. Y ese 20D alumbró con su fulgor también de las fronteras hacia afuera. El Brasil de Lula, el Uruguay del Frente Amplio, la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa tienen mucho de las esquirlas de aquel estallido.
Si Argentina había sido un paradigma para que el poder financiero internacional mostrara las «bondades» que tenía para ofrecer el manual neoliberal, la caída estrepitosa enseñó que del otro lado de ese túnel no había más que un precipicio.
No es cierto que «veinte años no es nada», como dice el tango. Hay otra generación que no es hija de aquellos lodos para la que, posiblemente, el recuerdo de ese 20D sea cosa de nostálgicos. Para esos jóvenes tal vez los aires que se respiraban en la primera parte del siglo no tenían nada de especial, eran propios de la naturaleza de los acontecimientos. Para otros, quizás, en el apuro por definir momentos, todo lo que ocurrió en estas dos décadas puede acomodarse dentro de una misma bolsa. No está mal una revisión de aquel drama para recordar que no hay salida individual.

ENRIQUE GARCIA MEDINA