Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Ultraderecha adaptada a su tiempo

Ataque. Partidarios de Bolsonaro cuando atentaron contra las instituciones, en Brasilia, el 8 de enero pasado.

Foto: Adriano Machado/Reuters

Los intentos de toma del Capitolio en Estados Unidos y de las sedes de los tres poderes en Brasil tienen demasiadas coincidencias como para pensar que responden a hechos aislados sin ningún tipo de conexión. En primer lugar, hay que señalar que en ambos casos quienes participaron están convencidos de que a Donald Trump y a Jair Bolsonaro les robaron la elección presidencial. Paradójicamente, el reclamo parte de quienes gobernaban, y es muy poco creíble que el fraude haya sido perpetrado por partidos opositores. Pero ningún argumento sirve porque los liderazgos de Trump y Bolsonaro se consolidaron a través de una exitosa maquinaria propagandística basada en lo que hoy se denomina «fake news». En otras palabras: mentiras. Si bien la mentira siempre existió en la política y se utilizaron los medios de comunicación para imponer falsas ideas, ahora la información ya no depende de los grandes diarios o las cadenas de televisión. Las nuevas tecnologías han permitido el desarrollo de una comunicación que está al margen de los grandes medios y en sectores de la extrema derecha genera una adhesión fanática donde no tienen efecto los argumentos racionales. El carácter mesiánico de sus líderes se traslada a quienes los siguen de manera incondicional, lo que marca una diferencia con los partidos de derecha que participan del escenario democrático y reniegan de estos «trasgresores». Es más, esta nueva extrema derecha –en América Latina– está emparentada con aquellos sectores que encabezaron golpes de Estado en el siglo pasado para combatir todo vestigio progresista. Por eso el «fantasma del comunismo» aparece una y otra vez en su discurso y Bolsonaro considera que en Brasil no hubo una dictadura entre 1964 y 1985. En realidad, son los reaccionarios más recalcitrantes de antaño adaptados a los nuevos tiempos.

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