Opinión | A fondo

Giro copernicano

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Prat Gay. Anticipó la devaluación en campaña y la anunció desde el gobierno. (Télam)

 

Con la asunción del nuevo gobierno nacional, se ha producido un profundo cambio en el paradigma productivo. Si bien Maurico Macri aún tiene un corto tiempo de gestión, sus primeras medidas marcaron a fuego el cambio y permiten reflexionar, y en algunos casos avizorar, los efectos futuros sobre la dinámica de la producción, el empleo y los ingresos populares. La devaluación ha sido importante, con una característica distintiva: fue la más anticipada de la que se tenga conocimiento. Este no es un dato menor, pues durante la campaña del balotaje, cuando los candidatos de Cambiemos instalaron un dólar a 15 pesos, dispararon una serie de conductas especulativas en los grandes actores de la economía. Este proceder generó una serie de comportamientos especulativos, entre ellos, una importante suba de precios. Toma especial relevancia el reemplazo de las declaraciones juradas anticipadas de importación, que administraban el comercio exterior (coincidentes con las propuestas históricas del IMFC), por una mayoría de licencias automáticas y unas 1.400 licencias no automáticas (LNA). Estas últimas recaen principalmente sobre el sector industrial. Cabe señalar que, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), las LNA no pueden demorar más de 2 meses la importación, por lo cual resultan barreras muy endebles para la entrada de productos que compiten con la producción nacional. Habrá que analizar cómo funciona el nuevo esquema, pero la historia nos enseña que estas liberalizaciones comerciales impactan negativamente sobre las pymes, en especial, las industriales, y sobre el empleo que estas generan. No resulta aventurado hablar de liberalización comercial, puesto que los principales referentes del gobierno han evidenciado su interés por avanzar en acuerdos como el del Mercosur con la Unión Europea, o evaluar la vinculación de nuestro país en la Alianza del Pacífico. La canciller Susana Malcorra expresó que «el ALCA no es mala palabra». Este también es un cambio copernicano respecto a las políticas de inserción internacional que se llevaron a cabo en los últimos 12 años. Este tipo de alianzas no son solo comerciales, sino que tienen por objetivo primordial acordar normas de amplio beneficio para las inversiones externas. Para dar un ejemplo, uno de los principios básicos es no hacer diferencia entre los capitales externos y los nacionales: bajo esta premisa, no podrían subsistir sistemas de compre nacional o compre pyme, reconocidas propuestas del IMFC. La apertura importadora fue insinuada también por el propio presidente Macri, como una herramienta que puede ser utilizada para bajar los precios. Esta táctica, criticada incluso por los medios oficialistas, nunca ha sido eficaz y conlleva los problemas sobre la producción nacional que ya se han relatado. En el tema inflación, se propuso el llamado a un gran acuerdo nacional a fin de coordinar la evolución de precios y salarios. Los funcionarios  instaron a las corporaciones a no incrementar los precios, e incluso rebajarlos, una táctica que fue ignorada por los grandes empresarios. Por el lado de los salarios, se habló de incrementos según productividad, que podrían llevar a una pérdida de derechos laborales. También se propuso incrementar los salarios sobre la inflación esperada, pero ¿cómo recuperarían los trabajadores el poder de compra erosionado por la inflación desde las paritarias del año pasado, devaluación mediante? ¿Incorporarán el efecto de los aumentos tarifarios? La gestión recién comienza y son muchas las preguntas sobre cuál será el equilibrio entre las políticas propuestas y las promesas de mantener ciertas conquistas obtenidas en los últimos años. Cristina dejó un nivel de producción y de capacidad adquisitiva altos, lo que amortigua el efecto de los aumentos de precios sobre los salarios por estos días, junto con la continuación del Ahora 12. No obstante, habrá que seguir de cerca los acontecimientos de la economía y también de la política, para identificar cómo impactarán estos sobre los trabajadores, las pymes y las empresas de la economía social. Los pronósticos no parecen promisorios.

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