Opinión | A fondo

La desocupación como política de Estado

Trabajadores estatales. Contra los despidos. (Télam)

 

En muy poco tiempo se ha desplegado una descarnada estrategia política que recoloca a la nación y a nuestro pueblo en la lógica de los proyectos neothatcherianos. Ese derrotero no dista de lo esperado, teniendo en cuenta la ideología de siempre del macrismo. El conjunto de políticas de Estado implementadas expresan crudamente su visión y el plan político neoliberal: partiendo de la quita de retenciones, reclamadas perentoriamente por la Sociedad Rural Argentina y la Confederación Rural Argentina, que implicó una importante transferencia de ingresos del fisco al «agronegocio»; la suba de las tarifas de los servicios y el transporte público que impacta en la vida de toda la sociedad (usuarios residenciales, pymes, clubes, universidades, etcétera); la devaluación, que genera la abrupta suba de precios y la reducción del salario real; y como corolario, el pago irrestricto a los fondos buitre, allanándose a sus reclamos exorbitantes, lo cual conduce al país al retorno a las épocas de la deuda externa como hipoteca para el conjunto de la sociedad.
Este paquete de medidas inauguró una primera fase de recomposición de la tasa de ganancia de los grandes grupos empresarios. Las autoridades denominan a este proceso «reacomodamiento de precios relativos» y sostienen que «los resultados están produciéndose y que aún queda mucho por hacer». En buen romance, significa que para cristalizar y avanzar incluso más allá en este nuevo reparto, se requiere la generación de un sustancial bolsón de desocupados, un fenómeno típico de los procesos de fuerte acumulación de las corporaciones capitalistas, muy particularmente las extranjeras. En tal sentido, el gobierno se sinceró al afirmar que se sentiría cómodo con un desempleo a partir de los dos dígitos.
La estrategia es deliberada y opuesta a la gestión anterior, que disponía de herramientas de estímulo del mercado interno y que en los momentos de crisis tomaba iniciativas para defender el trabajo. Las estadísticas son contundentes y muestran que durante el lapso 2003-2015 el desempleo descendió de cerca del 20% al 5,9%.
La política laboral del macrismo se presenta cada vez más clara. El rechazo a la ley antidespidos es la mejor demostración de que la iniciativa parlamentaria perturba los planes de Cambiemos en este tema crucial. Las pocas medidas del gobierno no solucionan el problema de fondo, sino que son apenas un paliativo. El proyecto del Plan Primer Empleo, que se basa en la reducción de aportes patronales, es una herramienta perimida que fracasó en el mundo entero y en particular en nuestro propio país en los años menemistas, ya que no generó trabajo y desfinanció severamente la seguridad social.
Desde mediados de noviembre a la fecha, los despidos suman más de 140.000, una cifra impactante si se tiene en cuenta que la desocupación a finales de 2015 alcanzaba a algo más del millón de personas. Los despidos en el sector público marcaron inicialmente el pulso y la señal para el inicio de un profundo cambio en el mismo sentido también en el sector privado. El ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, fue el primero en sincerarse, al señalar unos meses atrás que «cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salarios a cambio de empleos».
Conceptualmente –y en términos prácticos–, el desempleo es una estrategia que apunta a presionar a los trabajadores ocupados con el fantasma de la desocupación, favoreciendo la reducción del costo del trabajo. De allí la mayor ganancia empresarial. Por ello resulta muy significativo el editorial de La Nación del 26 de abril, que reclama decididamente la flexibilización laboral y la tercerización ya que «crean modalidades atractivas para generar nuevo empleo», a la vez que rechaza «la centralización de las negociaciones de salarios y condiciones de trabajo entre un sindicato único por actividad y la representación sectorial empresaria porque tiene el sello de la Carta del Lavoro de Mussolini, de 1927».
La iniciativa parlamentaria que amenaza con infligirle una fuerte derrota al gobierno, junto con la multitudinaria movilización social de trabajadores, va conformando un nuevo escenario en el que el protagonismo de la sociedad impacta en la vida y el rumbo de los acontecimientos políticos, otorgándole a la democracia un sentido y contenido que solo genera la ciudadanía cuando ejerce sus derechos en plenitud.