Opinión

Ezequiel Fernández Moores

Periodista

La magia del rey

Discutir el reinado de quien pasó a la historia como «O Rei» no tiene sentido. Pelé fue «El Rey». Tampoco tiene sentido el debate sobre quién fue mejor, si Pelé, Maradona o Messi. O Di Stéfano. O, agregarían desde Europa, Eusebio, Cruyff, Beckenbauer y Zidane. Y Brasil sumaría a Didí y a Garrincha. 
Es cierto, Pelé jugó toda su vida en el Santos y no se midió en Europa. Pero Brasil era la meca del fútbol. Y con el Santos ganó finales de la Copa Intercontinental al Benfica de Eusebio y al Milan de Gianni Rivera. ¿Y qué diríamos hoy de un pibe de 17 años que debuta en un mundial y hace dos goles en semifinal y dos más en final, como sucedió con Pelé en la Copa de Suecia 58? México 70 no solo fue su tercera conquista mundial (Chile 62 había sido la segunda y en Inglaterra 66 lo sacaron a patadas, en tiempos en los que no había tarjetas amarillas). México 70 fue ante todo su pasaporte a la gloria.
Es inútil discutir al Pelé rey del fútbol mundial. Atleta y artista al mismo tiempo. Las crónicas de estas horas serán inevitablemente más empalagosas que nunca, como suele suceder a la hora de la muerte. Y Brasil debe a Pelé un certificado de existencia. Pero Pelé, amado y respetado, no fue exactamente un ídolo popular. Lo sé de viejas discusiones con colegas e hinchas brasileños. O Rei era excesivamente sonriente y amable. Inclusive con el dictador Garrastazu Medici, que lo usó en la conquista del Mundial 70. Y también con Jair Bolsonaro, a quien le regaló una camiseta autografiada de Santos apenas dos años atrás, cuando el monstruo mostraba su cara.
Sus intervenciones posjugador no fueron las mejores. Criticaba en exceso a cada selección antes de un mundial. Y sonaba vanidoso. Exaltando que él era lo opuesto al Diego drogadicto. Su vida privada, como todas, tenía sin embargo miserias que solían ser omitidas por la prensa, hijos extramatrimoniales, otro hijo preso por drogas y él mismo implicado en investigaciones por contratos dudosos. Consciente de esa imagen, y de que la muerte se acercaba, Pelé hizo su documental autocelebratorio de Netflix. Por fin (tenue) habló de política. Y hasta algún compañero de Santos lo criticó en su documental por tener un «comportamiento de negro sumiso». Humanizado, el propio Pelé, apodado también «Atleta del siglo», abrió el documental ingresando a la sala de grabación ayudado por un andador. El Pelé que de su pueblo mineiro de Três Corações se disfrazó de astronauta con botines y camiseta número 10 para llegar a la luna, nos mostraba toda su fragilidad. Y nosotros allí. Agradeciéndole su magia.

Tricampeón mundial. Pelé ganó con Brasil las copas de 1958 (Suecia), 1962 (Chile) y 1970 (México).

Foto: AFP