Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Las guerras de Netanyahu

La historia se repite. Cada vez que se enfrentan palestinos e israelíes se estremece el mundo en general y el Medio Oriente, en particular. Hace unos meses el Gobierno de Benjamín Netanyahu celebraba un «acuerdo de paz» con los Emiratos árabes y en esta columna decíamos que no acercaba un milímetro la paz entre israelíes y palestinos. Netanyahu sabía esto, pero pensaba que la población palestina que vive bajo ocupación desde 1967 en Cisjordania y la pequeña franja de Gaza seguiría adormecida. Se equivocó. También se equivocó cuando pensó que bombardeando Gaza todo el mundo lo apoyaría.
Netanyahu logró convertirse en el primer ministro con más tiempo en el poder desde la creación del Estado de Israel en 1948, un mérito que lo coloca incluso por encima de figuras históricas que construyeron el Estado. Sin embargo, durante sus doce años de gobierno también se granjeó tantos enemigos que muchos de sus más fieles amigos y socios políticos lo abandonaron para juntarse con otros opositores con un único objetivo: destituirlo. Como dice el dicho «no los une el amor sino el espanto».
El problema de fondo no es Netanyahu ni quienes puedan reemplazarlo con ideas similares, sino los 54 años seguidos de ocupación desde 1967, los que llevaron a una nueva ronda de enfrentamientos en mayo. El Estado de Israel, consciente de su poderío militar y de que cuenta con el respaldo de la primera potencia mundial, está convencido de que el tiempo juega a su favor, y de que la población palestina terminará aceptando la ocupación aunque esta torne inviable la creación de un Estado palestino independiente. Netanyahu podrá dejar el cargo, pero su concepción del mundo prima hoy en una sociedad israelí dominada por partidos nacionalistas de derecha y extrema derecha.