Opinión

Horacio Aizicovich

Dirigente cooperativista

Los empresarios y el modelo de país

La cúpula del poder económico concentrado de nuestro país, que se expresa fundamentalmente en la Asociación Empresaria Argentina (AEA) con la conducción de los grupos Techint, Clarín y Arcor, impulsó recientemente un fuerte giro político en la Unión Industrial Argentina (UIA), promoviendo en el recambio de autoridades de la organización una lista encabezada por Daniel Funes de Rioja, dirigente no empresario ni industrial. La nómina se completó fundamentalmente con representantes de corporaciones alimenticias y exportadoras de materias primas de carácter multinacional, las verdaderas formadoras de precios de la canasta alimentaria y de insumos esenciales para la industria.
Funes de Rioja y los sectores del establishment que lo acompañan expresan un fuerte sesgo ideológico neoliberal y proclive a dos cuestiones centrales en esta etapa. Por un lado, presionar por una profunda flexibilidad laboral, tendiente a bajar el costo empresario y maximizar sus ganancias. En segundo término, buscar que el Estado desista de cualquier pretensión de regulación e intervención en los mercados.
Esta conducción de la UIA pasará decididamente, junto con AEA y la Sociedad Rural Argentina (SRA), asociados con los grandes medios de comunicación, a enfrentar el modelo productivo, inclusivo y de desarrollo para el país que intenta proyectar el Gobierno nacional. Esa orientación, sin embargo, no es compartida por todos los sectores nucleados en la entidad empresaria. Luego de la asamblea en la que se renovó la conducción, Carlos Garrera, uno de los vicepresidentes de la UIA, representante de los sectores de capitales nacionales, industriales de mediana envergadura del interior de país que están vinculados históricamente con la realidad regional, marcó las diferencias: «No es lo mismo una empresa de 50 a 100 empleados donde el dueño decide, que una gigante donde las decisiones las toma un CEO. Los CEO piensan en su sueldo y en el producto, no en qué pasa con el conjunto de la empresa, con los obreros, con la relación con la sociedad y el medioambiente». Y agregó: «Hay que tener contemplados los destinos de la sociedad con inclusión social. Es esencial el rol del Estado. Hay grandes empresarios que no quieren al Estado, y piensan que el mercado va a solucionar todo. En la pandemia, el mercado no solucionó nada; si no fuera por el Estado estaríamos en una debacle total».
En esencia, la puja de intereses y el debate de ideas están abiertos en el sector empresarial. La disputa no solo es política, económica, también es cultural y de carácter ético. Claramente lo expuso quien fue presidente de Ecuador por dos períodos, Rafael Correa, al referirse al necesario compromiso social de la clase empresaria: «En la búsqueda de lucro a la par de objetivos socialmente deseables, más allá de la ilusión de la competencia, lo importante es que guarden cuatro éticas fundamentales: 1) La ética con sus trabajadores, el saber distribuir justamente entre estos el valor agregado por la empresa, el ambiente de trabajo y la estabilidad. 2) La ética con los consumidores, no abusar de la posición de mercado brindando los mejores bienes y servicios a precios apropiados. 3) La ética con la sociedad y el Estado: lo que se traduce en pagar sus tributos y cumplir con las leyes de su país y propender al desarrollo local. 4) La ética con el medioambiente, el no basar la actividad de la empresa en la depredación y destrucción de la naturaleza, y de esta manera no generar una falsa rentabilidad».
En suma, se trata de una batalla política y cultural, en la que resulta fundamental sumar el debate y las políticas públicas acerca del rol de las pequeñas y medianas empresas (pymes), las microempresas y el amplio sector de la economía social y solidaria. Son sectores indispensables para un proyecto nacional por su trascendencia en materia de incorporación de valor agregado y generación de empleo, así como por su contribución plena al desarrollo económico con inclusión y al sostenimiento de un modelo de país democrático, más justo e inclusivo, el cual no solo es posible, sino necesario para todas y todos.

NA