Opinión

Memoria e identidad

Tiempo de lectura: ...

La historia se escribe desde y para el presente. Por eso, todo movimiento social requiere para completar su identidad, construir un hito fundacional. Para el cooperativismo, es la creación de la «primera» entidad en Rochdale, Inglaterra, en 1844. No importa que sus fundadores se sirvieran de experiencias cooperativas anteriores que no habían resultado efectivas y tomaran como ejemplo reglamentaciones de otro tipo de instituciones solidarias. El cooperativismo, como hoy lo conocemos, nació en Rochdale.
La Primera Caja Mercantil cumple ese rol fundacional identitario para quienes integramos el movimiento cooperativo nucleado en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. No importa que en nuestro país hayan existido otras experiencias de crédito cooperativo desde fines del siglo XIX, ni que la propia entidad haya sido producto de un proceso en el que sus fundadorxs «buscaron caminos para esclarecerse a sí mismos qué clase de institución querían construir».
Por eso, el 2 de febrero de 1918 es la fecha oficial de la fundación de una cooperativa y, al mismo tiempo, de una concepción del cooperativismo que nos identifica. Por eso todos nosotros celebramos este centenario, porque desde ahí construimos nuestra memoria.
Lxs jóvenes inmigrantes que fundaron la Primera Caja buscaban no solo una fuente de financiamiento para desarrollar su actividad económica, adquirir productos, o resolver un problema familiar. Buscaban también un ámbito donde compartir sus intereses, sus preocupaciones y sus visiones del futuro, ya que todos ellos adherían a diferentes variantes del pensamiento solidario, socialista, humanista y revolucionario.
Floreal Gorini afirmaba que existen dos clases de cooperativistas. Están quienes
–aplicando más formal que realmente los principios solidarios– entienden que las cooperativas son solo otra forma de organización empresarial, que permite resolver algunas necesidades de sus asociadxs. Son cooperativas genuinas, pero que terminan mimetizándose con el sistema capitalista.
Y estamos quienes entendemos que, además de resolver esas necesidades, las cooperativas deben ser también –y principalmente– una herramienta que aporte a la transformación de una sociedad que consideramos injusta.
En este sentido, la Primera Caja Mercantil fue aportando a la construcción de esa visión del cooperativismo, que se percibe a sí mismo como un movimiento económico-social en el que cada cooperativa debe, simultáneamente y de manera inseparable, ser una empresa económicamente eficiente y una organización social que aporte al desarrollo del país para transformar en un sentido progresista su estructura económica y social.
Paralelamente, y luego de la creación del IMFC en 1958 –de la que lxs dirigentes de la Primera Caja fueron activxs promotorxs–, se fue constituyendo, en íntima relación con aquella concepción del cooperativismo, un sujeto social que la hizo propia, por lo que construyó su identidad como una forma de compromiso sociopolítico. Y fue desde esa concepción que se encargó de gestionar y administrar colectivamente las entidades, preservando la unidad de criterio.
Las cajas de crédito que se desplegaron por todo el territorio nacional impulsadas por el IMFC fueron actualizando, completando y enriqueciendo esas concepciones fundacionales. La experiencia de los bancos cooperativos, en particular la del Banco Credicoop, demuestra que es posible desarrollar grandes entidades cooperativas comprometidas con la transformación social, eficientes, competitivas y gestionadas democráticamente.
El movimiento cooperativo se encuentra hoy –en un mundo adverso y globalizado– frente a una particular situación histórica, que le requiere actuar con cautela y audacia ya que es imposible que sobreviva con respuestas inerciales, reactivas, pasivas o apolíticas. La única opción es avanzar y ocupar nuevas posiciones, pero desde el tesoro de nuestra experiencia. En eso estamos.
Hoy, cuando preservar la memoria colectiva es una actitud política, nuestro movimiento cooperativo cumple 100 años. Celebremos, felicitándonos de seguir buscando transformar la sociedad.

Estás leyendo:

Opinión

Memoria e identidad