Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Minneapolis y la policía

El 2 de noviembre en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos, se realizó un referendo con gran impacto nacional. La ciudadanía estaba llamada a votar a favor o en contra de la disolución de la policía para ser reemplazada por un Departamento de Seguridad Pública. La mayoría se opuso, pero el debate quedó instalado.
La policía es uno de los organismos más cuestionados en EE.UU. porque interviene ante cualquier hecho irregular y la tendencia al «gatillo fácil» es moneda corriente. Según diversos estudios, más de 1.000 personas (muchas de ellas estaban desarmadas) mueren por la brutalidad policial, casi la mitad pertenecientes a las comunidades latinas y negras.
En Minneapolis, en 2019, la difusión de las imágenes del asesinato de George Floyd –que estaba desarmado– mientras era retenido por la policía motivó una ola de protestas. Durante nueve minutos un policía blanco presionó el cuello de Floyd –negro– que no paraba de repetir «no puedo respirar», hasta matarlo. En ese año mucha gente descubrió el movimiento Black Lives Matter (la vida de las personas negras importa) que se había creado en 2013 para luchar contra el racismo y que se sumó a la «Coalición para frenar la violencia policial» que existe desde 1996.
En EE.UU. la policía –armada– interviene en casi cualquier altercado, tanto en el espacio público como el privado. Incluso cuando una persona en situación de calle o desequilibrada causa problemas. La idea de quienes propusieron el referendo es quitarle poder a la policía e impulsar la participación de personas calificadas para intervenir sin armas en –por ejemplo– una disputa por una medianera entre dos personas vecinas.
Más allá del resultado el tema de fondo es la violencia de una sociedad acostumbrada a resolver todo a los tiros.

YUCEL/AFP/DACHARY