Opinión

Marina Garber

Periodista

Muchos más que dos

El 20 de julio la Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en reconocer la identidad de las personas no binarias. Los dos casilleros que hasta ahora definían el universo de identidades sexuales admitidas por el Estado incorporan ahora una nueva opción, representada por una X y destinada a «reconocer el derecho a la identificación a aquellas personas cuya identidad de género se encuentre comprendida en opciones tales como no binaria, indeterminada, no especificada, indefinida o autoprecibida», como señala el decreto firmado por el presidente Alberto Fernández.
«No somos una X. Somos travestis lesbianas, maricas, agénero», reclamaron integrantes de colectivos no binaries durante el acto de entrega de los primeros DNI. Fernández explicó que el recurso a la letra equis responde a tratados internacionales. «Entre lo ideal y lo posible, vayamos por lo posible. El ideal va a ser cuando a nadie le importe el sexo de la gente. ¿Por qué debería importarle al Estado cuál es el género que cada uno percibe para sí mismo?», se preguntó el presidente.
Marcar un casillero para indicar el sexo es uno de los hechos más relevantes a la hora de definir la identidad de las personas en sociedades que hacen de esa diferencia un principio ordenador fundamental, y un criterio decisivo de asignación de roles, obligaciones y derechos, ventajas y desventajas, privilegios y violencias. Teóricas feministas como Teresa de Lauretis destacan las profundas implicancias de este ritual: «En el preciso instante en que por primera vez marcamos el cuadradito al lado de la F, ingresamos oficialmente en las relaciones sociales de género», señala la filósofa italiana. Clasificar a las personas como masculinas o femeninas, dice por su parte la exdiputada Silvia Horne, autora de un proyecto de ley para eliminar la categoría sexo en los documentos públicos o privados, es un anacronismo: los datos sobre la genitalidad de las personas, aseguran los fundamentos del proyecto, no tienen relevancia jurídica.
La genitalidad no solo es irrelevante: es, además, menos categórica de lo que habitualmente se cree. Las personas intersex –aquellas cuyos cuerpos varían respecto al estándar de corporalidad femenina o masculina– son quizás el ejemplo más claro. Un 1,7% de la población mundial nace con variaciones de sus características sexuales. Muchos de esos niños son sometidos a cirugías invasivas e irreversibles con el único fin de adaptarlos a la norma.
El concepto binario de sexo, impugnado desde hace décadas por los feminismos y los movimientos LGBTIQ+, está siendo revisado incluso por la ciencia. «La idea de que solo hay dos sexos es simplista. Hoy los biólogos consideran que existe un espectro más amplio», señala un artículo de la prestigiosa revista Nature. ¿De qué se habla, en efecto, cuando se habla de sexo? ¿De la anatomía y las características genitales externas? ¿Del sexo gonadal, es decir, de la presencia de testículos y ovarios? ¿O de la definición cromosómica, según la cual el par de cromosomas sexuales XX genera cuerpos femeninos y el par XY, cuerpos masculinos? Los cuerpos realmente existentes presentan múltiples combinaciones y variaciones de estos parámetros. Es por eso que quizá sea más atinado hablar de «espectro»: el sexo ya no sería una variable discreta, sino continua; no podría asumir dos únicos valores, sino infinitos.
La norma binaria deja afuera, en un espacio inhabitable de la vida social, a infinidad de personas cuyos cuerpos o identidades no se dejan encasillar por el par de opuestos masculino/femenino. Las violaciones a los derechos humanos, la exclusión de la educación, la salud, el empleo y la vivienda, la criminalización y la estigmatización forman parte de la realidad cotidiana de las personas y comunidades no binarias. Medidas como la Ley de Identidad de género o el cupo laboral trans intentan reparar la vulneración de estos derechos. La X del DNI es también un paso, incompleto pero decidido, hacia una sociedad más justa e inclusiva.

Indentidad. Gerónimo Carolina González Devesa obtuvo el primer DNI no binario. (Télam)