Opinión

Paula Mosesso

Economista

No es fácil para Latinoamérica

Ya no caben dudas de que, además de las lamentables consecuencias sanitarias, la pandemia tuvo graves efectos económicos. En nuestra región latinoamericana, la de por sí alarmante situación de desigualdad preexistente se vio exacerbada, resultando en un empeoramiento de la situación de las mayorías más vulnerables y un alza en la riqueza de un selecto y reducido grupo.
Según el último dato de la CEPAL, 22 millones de personas se convirtieron en pobres durante 2020. Además, la pobreza extrema (insatisfacción de necesidades alimentarias básicas) llegó a 78 millones de latinoamericanos/as, el equivalente aproximado a la población total de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay sumados. En el mismo tiempo y lugar, hubo 31 personas que pasaron a ser multimillonarios, es decir, su patrimonio individual superó los 1.000 millones de dólares.
En Argentina, la precaria situación económica precedente requirió de grandes esfuerzos del Estado para amortiguar sus efectos. Para citar solo un dato previo a la pandemia: la pobreza extrema pasó del 4,8% de la población total en 2017 al 8% en 2019.
Es por ello que la significativa cantidad de medidas de ayuda que viene tomando el Gobierno nacional desde hace más de un año resultó de vital importancia al tiempo que debió enfrentar las restricciones presupuestarias y de alto endeudamiento heredadas de la gestión anterior. Un ejemplo: la ampliación de los beneficiarios y montos de la Tarjeta Alimentar junto con el alivio del pago del impuesto a las Ganancias para 1,3 millones de trabajadores/as y jubilados/as implicó un desembolso de aproximadamente 2 puntos del PIB. Porcentaje que, casualmente, coincide con el que se logró ahorrar en el pago de la deuda pública a partir de 2020 gracias a la reestructuración con los acreedores privados ese mismo año.